Segun Gestión, la economía peruana registró un crecimiento superior al 3% en el primer semestre de 2024, alcanzando una tasa de 3.1% en junio. Sin embargo, este avance se ve sombrado por una tendencia emergente: el impacto del fenómeno climático El Niño sobre la estabilidad financiera de las empresas. Antonio Benites, socio líder de EY en Consultoría Financiera Contable y Sostenibilidad y Cambio Climático, destacó que las entidades financieras ya integran estos eventos climáticos en sus evaluaciones. “Los mercados peruanos han enfrentado episodios similares en el pasado”, afirmó durante el Foro de Herramientas Financieras de la Adex. “Las instituciones cuentan con historiales sobre los sectores más vulnerables y las zonas afectadas, y normalmente establecen provisiones para cubrir esos riesgos”.
Esas reservas, explica Benites, no solo son una medida de precaución, sino que también influyen directamente en las condiciones de financiamiento. “Una provisión para un banco implica un aumento en el costo del crédito para los consumidores y empresas”, señaló. Este mecanismo busca proteger al sistema financiero, pero puede resultar en mayores tasas de interés o limitaciones en el acceso a préstamos, especialmente para empresas operando en zonas sensibles al clima.
Además del riesgo climático, el análisis de crédito considera múltiples factores estructurales. La calidad de la gerencia, el sector económico en el que opera la empresa, la viabilidad de sus proyectos futuros, la generación de valor y el cumplimiento de estándares internacionales de contabilidad son variables clave. El especialista enfatizó que solo tener registro formal o el RUC no es suficiente. Las compañías deben generar informes financieros sistemáticos, actualizados y estructurados, para que los proveedores de capital puedan evaluar con precisión su solvencia.
Para el lector peruano, este panorama implica una realidad práctica: incluso en un contexto de crecimiento económico, las decisiones financieras pueden verse restringidas por factores naturales. Las regiones con mayor exposición al clima, como el norte o el norte de la costa, podrían enfrentar mayores dificultades para acceder a financiamiento. Esto afecta no solo a industrias de producción, sino también a pequeñas y medianas empresas que dependen de insumos y contratos a largo plazo. El entorno actual requiere que las empresas no solo se enfoquen en su operación diaria, sino que también fortalezcan su transparencia financiera y su capacidad de respuesta ante desastres climáticos. En un país donde la economía es sensible a las condiciones ambientales, la preparación financiera se convierte en una estrategia esencial.
