Según Gestión, el crecimiento económico del Perú para 2024 se sitúa en un 3.1%, una cifra que refleja una leve actualización hacia arriba respecto al 2.9% previsto en marzo. Este dato emerge del Informe Situación Perú del BBVA Research, publicado en junio. Para 2027, se prevé un avance del 3.5%, mientras que el promedio de las proyecciones entre 2028 y 2031 se fija en un 3.4%. Este rango indica que el país no alcanzará el umbral de expansión que antes se consideraba posible, y que el crecimiento seguirá dentro de una franja que el Banco Central de Reserva del Perú ha definido como "pálida".
El incremento de la proyección se fundamenta en varios indicadores macroeconómicos. El primer trimestre del año mostró un impulso de 3.5% en el PBI, mientras que a principios de abril, tras el inicio del segundo tramo, el crecimiento se consolidó en 3.73%. Este desempeño cíclico sugiere que la economía podría estar operando cerca de su nivel potencial. Un soporte clave proviene del dinamismo de la inversión privada, que registró un alza del 13.2% en el primer trimestre. Aunque los datos de abril y mayo aún no han sido completados, se espera que la actividad de inversión continúe en un ritmo acelerado.
El escenario político también influye positivamente en la proyección. En las elecciones del balotaje, Keiko Fujimori (Fuerza Popular) obtiene el 50.107% de votos válidos, frente a los 46.083% de Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), según datos oficiales de la ONPE. Con un margen de 39.024 votos y un porcentaje de participación del 99.387%, el resultado podría generar estabilidad política y fomentar un entorno de confianza para inversiones. Un entorno más predecible y estable es clave para estimular el crecimiento empresarial.
Además, el crédito suplementario, aunque de menor impacto que los factores anteriores, aporta un efecto moderador positivo. El sector privado requiere mayores flujos de financiamiento para mantener la expansión, y el acceso a créditos puede ayudar a sostener la demanda interna.
Para los peruanos, esta evolución señala que el crecimiento no será explosivo, pero sí sostenido. Aunque el 3.1% parece modesto, representa un avance significativo frente a años anteriores. Los hogares y pequeñas empresas podrían ver mejoras en empleo y precios, especialmente si el entorno político se mantiene estable. El sector privado, en particular, dependerá de que las políticas públicas no obstaculicen la inversión. Si el crecimiento se mantiene dentro del rango proyectado, el país podrá evitar caídas estructurales y avanzar con un modelo más equilibrado, aunque sin romper los límites del crecimiento tradicional.
