Según Gestión, los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) revelan un deterioro significativo en el rendimiento escolar de estudiantes peruanos. En la edición del 2025, frente al 2022, se detectó una disminución en las habilidades de comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Solo 0.5% de los alumnos superaron sus resultados en las tres áreas evaluadas, lo que indica una tendencia a la baja en más de una década. El puntaje en matemáticas cayó de 387 en 2015 a 382 en 2025, mientras que en lectura, que alcanzó 390, se redujo respecto a los 398 del pasado. Estos datos reflejan una debilidad estructural en el sistema educativo, que no se mide solo en cifras, sino en el acceso real a la formación académica.
El panorama se agrava cuando se analizan los grupos juveniles que no integran el sistema escolar. A nivel nacional, casi 15% de los jóvenes entre 14 y 17 años declaró que no estudia, lo que equivale a más de 335,900 jóvenes. De este grupo, el 8.6% (más de 193,880) no estudia ni trabaja, clasificado como "ninos" en el ámbito educativo. Por su parte, el 6.3% (más de 142,000) solo realiza labores laborales, según la Encuesta Nacional de Hogares del INEI. Aunque el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan ha disminuido de 11% a 8.6% en un año, el crecimiento más notable se observa en quienes estudian pero colaboran en actividades familiares o domésticas, que pasaron de 13.2% a 14.7%. Este grupo, que realiza tareas como ayudar en negocios familiares, hacer productos para venta o realizar labores en viviendas ajenas, muestra una mezcla entre educación y trabajo informal.
Para el lector peruano, estos datos no son meros números. Representan una realidad donde la escuela no alcanza a todos, y donde la formación académica se ve comprometida por condiciones sociales, económicas y familiares. Muchos jóvenes que no asisten a clases lo hacen por falta de acceso, recursos o apoyo familiar. Aun cuando el presupuesto educativo aumenta, el crecimiento no se traduce en mejoras reales en el aula. La brecha entre inversión y resultados sugiere que el sistema necesita reformas profundas: no solo en el diseño de currículos, sino en la inclusión de modelos que permitan que los jóvenes, sin importar su contexto, puedan desarrollar habilidades clave. La educación no debe ser un privilegio, sino una herramienta de acceso a oportunidades para todos.
