Según Gestión, el Ministerio de Energía y Minas (Minem) está impulsando una nueva normativa que busca incluir tecnologías de energía renovable no convencional (RER) en el mercado regulado del país. Esta iniciativa ha generado debates dentro del sector, especialmente por las fluctuaciones en la generación eléctrica que afectan el equilibrio del Sistema Interconectado Nacional (SEIN). El Comité de Operación Económica del SEIN (COES) ha señalado que condiciones climáticas extremas, como el fenómeno de El Niño, impactan directamente la producción de energía eólica y hidroeléctrica. En semanas recientes, el presidente del COES, César Butrón, destacó que la disminución de vientos asociada a El Niño ha reducido significativamente la generación eólica, mientras que las sequías han afectado negativamente las plantas hidroeléctricas.
Los datos del COES revelan una evolución clara en la participación de las RER en la matriz eléctrica. Desde enero hasta septiembre de este año, la producción hidroeléctrica descendió un 2.48%, la eólica se redujo en un 10.93%, mientras que la solar creció un 63.80%. En contraste, la generación por diésel, empleada para cubrir brechas en la oferta, aumentó un 1.412%. Este patrón evidencia una dependencia creciente de tecnologías de bajo costo y rápida implementación, como las solares y eólicas, para mantener el suministro eléctrico. La ausencia de nuevas centrales hidroeléctricas y la escasez de gas natural para plantas térmicas limitan las alternativas de generación a largo plazo. Por eso, la oferta futura se concentra mayoritariamente en proyectos solares y eólicos, por su menor inversión inicial y tiempo de ejecución.
Hasta 2022, la penetración de RER en la generación eléctrica se mantuvo alrededor del 5%. Desde 2023, el crecimiento aceleró: en 2024 alcanzó el 12.52%, en 2025 pasó al 13.72% y, hasta septiembre de 2026, se situó en el 14.50%, según el COES. A pesar de estos avances, la infraestructura actual no está preparada para absorber la volatilidad de las fuentes renovables sin mecanismos de estabilidad robustos. El sistema enfrenta riesgos de inestabilidad si no se implementan políticas que aseguren la integración equilibrada de estas fuentes, especialmente ante fenómenos climáticos que afectan directamente la producción.
Para el lector peruano, este panorama resalta la necesidad de una estrategia energética más diversificada. Mientras las tecnologías renovables crecen en participación, el país debe fortalecer su capacidad de gestión del sistema eléctrico, incorporar mecanismos de almacenamiento y mejorar la predicción de la generación. Así, no solo se evita el riesgo de cortes, sino que se construye una red más sostenible y resiliente frente a los desafíos climáticos que cada vez afectan más a la región.
