Según Gestión, el 45,6% de las empresas peruanas ha adoptado tecnologías de inteligencia artificial, evidenciando un avance significativo en el sector productivo. Este desarrollo se observa especialmente en el ámbito público, el comercio y las instituciones financieras, donde las soluciones digitales están transformando los procesos operativos. A pesar de contar con recursos naturales y una base de talento técnica, el país aún no ha logrado convertir completamente estas ventajas en eficiencia real y creación de valor sostenible. El entorno global actual, marcado por la reconfiguración de cadenas de suministro, exige que los países desarrollen capacidades internas para liderar sus industrias, en lugar de depender exclusivamente de soluciones extranjeras.
La inteligencia artificial no se concentra en sectores aislados, sino que actúa como un motor transversal que impacta a todos los campos económicos. Desde la minería hasta la agricultura y la pesca, cada industria enfrenta desafíos específicos, pero también comparte procesos clave que pueden ser optimizados mediante algoritmos y análisis de datos. Lo esencial no es adquirir tecnologías de última generación, sino definir cuáles son los procesos críticos que generan mayor impacto. La clave radica en identificar los puntos de menor eficiencia y transformarlos mediante aplicaciones inteligentes que permitan reducir costos y mejorar la calidad de los productos finales.
En este escenario, Perú debe evaluar si su estrategia tecnológica se limita a seguir tendencias internacionales o si está construyendo un marco propio de innovación. El crecimiento de productividad no depende únicamente de la compra de software o hardware, sino de la capacidad de las empresas para integrar la IA en sus estructuras operativas. Esto implica desarrollar capacidades internas de diseño, gestión y mantenimiento de tecnologías, así como fomentar un clima organizacional que valore la experimentación y el aprendizaje continuo. Las industrias extractivas, que representan una parte fundamental de la economía nacional, deben liderar este proceso, pues su desarrollo puede servir como modelo para otros sectores.
Para el lector peruano, este panorama ofrece una oportunidad clave: no basta con estar presente en el mercado global, sino que se debe convertir en un actor activo de innovación. Los pequeños y medianos negocios, así como las empresas del sector primario, pueden aprovechar la IA para mejorar su competitividad sin necesidad de grandes inversiones iniciales. El enfoque debe ser práctico, centrado en procesos reales, y adaptado a las condiciones locales. Solo así se podrá construir una economía más resiliente, donde el valor se genera no por la cantidad de tecnología, sino por la forma en que se aplica.
