Según Gestión, la población ocupada en Lima Metropolitana registró un crecimiento del 7.7% en el trimestre móvil mayo-julio, según datos del INEI extraídos de la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN). Este incremento representa la tasa más alta en casi tres años, superando el 7.9% registrado en junio-agosto de 2022. En ese periodo, se generaron más de 425.8 mil puestos de trabajo frente al mismo tramo del año anterior, elevando el número total de personas con empleo a más de 5.9 millones. Solo faltan 11.3 mil puestos para que Lima Metropolitana alcance por primera vez el umbral de seis millones de trabajadores. Este dato marca el primer informe oficial del mercado laboral en la capital peruana bajo el gobierno de Keiko Fujimori, convirtiéndolo en un indicador clave para evaluar la evolución del empleo en el contexto político actual.
El crecimiento observado en Lima no oculta desigualdades estructurales. Aunque el número absoluto de empleos aumenta, el perfil del empleo sigue siendo desigual. Entre 2019 y 2026, la población ocupada pasó de 4.9 millones a 5.9 millones, lo que representa un incremento del 22%. Este avance coincide con un crecimiento de 21.8% en la Población en Edad de Trabajar (PET) y de 20.3% en la Población Económicamente Activa (PEA). Sin embargo, la calidad de los empleos no se refleja en estos números. César Puntriano, socio principal del Estudio Muñiz, resaltó que el hecho de que Lima se acerque a seis millones de trabajadores no implica necesariamente una mejora general en condiciones laborales. “No sirve mucho hablar de una cifra récord si los empleos adecuados son escasos o si el subempleo persiste por falta de ingresos o horas laborales”, indicó. Añadió que muchas personas ocupadas no están formalizadas, lo que limita el acceso a beneficios, protección social y estabilidad laboral. Además, factores como el fenómeno El Niño y la inseguridad social han afectado la dinámica del mercado desde hace años, lo que requiere una mirada más profunda sobre la composición real del empleo.
Para el lector peruano, este dato es un punto de referencia clave. Aunque el crecimiento en Lima es positivo, debe interpretarse con cautela. El hecho de que la ciudad se acerque a seis millones de trabajadores no garantiza que todos los empleos sean estables, dignos o con condiciones laborales seguras. En un país donde la informalidad laboral aún representa la mayoría de los puestos, el avance en cifras puede no traducirse en mejoras reales para las familias. Los ciudadanos deben exigir que las políticas públicas no solo midan el número de empleos, sino también su calidad, su formalidad y su relación con la estabilidad económica y social. La meta de alcanzar seis millones no debe convertirse en una celebración aislada, sino en un punto de partida para profundizar en el diseño de un mercado laboral más justo, inclusivo y sostenible.
