Según Gestión, el gobierno peruano ha iniciado un análisis sobre la reorganización de los feriados nacionales, con el objetivo de evaluar su impacto en la productividad laboral. La propuesta, surgida en un pedido de facultades legislativas del gobierno de Keiko Fujimori, plantea modificar el régimen de feriados no laborables y reducir su número, con intención de racionalizar su uso. La iniciativa generó escándalo al momento de su anuncio, ya que la presidenta de la República rechazó cualquier reducción o aumento en la cantidad de días festivos, y el ministro de Trabajo, Juan Sheput, reafirmó la postura. En diálogo con medios, el ministro de Economía y Finanzas, Elmer Cuba, presentó una estrategia para el periodo inmediato: tras excluir Fiestas Patrias (28 de julio) y Navidad (25 de diciembre), los demás feriados serían trasladados a viernes. Este cambio se justificó con datos que indican una disminución de la productividad cuando los feriados se sitúan entre martes y jueves, frente a su colocación en lunes o viernes. El objetivo, según Cuba, es minimizar el impacto negativo sobre la economía, especialmente en el corto plazo, mientras se evalúa una nueva lista para 2027. Aunque el plan original prevé que se conozca la nueva distribución en el año en curso, el ejecutivo no descartó pequeños ajustes en el presente, aunque no en forma inmediata. Sin embargo, en una entrevista posterior en Canal N, Cuba reevaluó su posición: ahora sostiene que los feriados deben trasladarse a lunes, argumentando que este día representa un equilibrio más eficiente entre el tiempo laboral y el descanso. El análisis se basa en experiencias previas del sector privado, donde se ha observado que mover feriados a lunes reduce las interrupciones en la continuidad de los procesos productivos. Actualmente, los feriados nacionales en Perú se distribuyen así: 1 de enero (Año Nuevo), 2 de abril (Jueves Sábado).
Para los peruanos, este cambio representa una decisión clave que afecta directamente su vida laboral y familiar. Muchos trabajadores, especialmente en sectores como servicios, comercio y transporte, dependen de los días festivos para planificar sus actividades. Si los feriados se mueven a lunes, podría haber un ajuste en las jornadas de trabajo, afectando horarios de entrega, salidas de vacaciones o eventos familiares. Aunque el objetivo es mejorar la productividad, es vital que el gobierno considere también el impacto social y cultural, ya que los días festivos son parte de tradiciones que definen la identidad nacional. El proceso debe ser transparente y participativo, incluyendo a los sectores empresariales y a las comunidades, para evitar desequilibrios que puedan generar tensiones. En un contexto donde el empleo y la estabilidad laboral son prioritarios, cualquier modificación debe ser cuidadosamente evaluada para no comprometer el bienestar colectivo.
