Según Gestión, Agrícola Pampa Baja, con más de dos décadas de operaciones en el mercado peruano, mantiene una diversificación estratégica en sus cultivos, que abarcan zonas norte y sur del país. Entre sus frutos destacados se encuentran la palta, la uva de mesa y los arándanos. Sin embargo, su estructura económica no se limita a productos agroexportables. La empresa es uno de los principales proveedores de leche fresca del Grupo Gloria, con operaciones en Majes, Arequipa. Allí, posee un establo que alberga 4.000 vacas Holstein, con una producción diaria de 45 kilogramos por cabeza. Este dato representa una productividad superior al promedio mundial, alcanzando 180 toneladas diarias de leche destinadas exclusivamente a la industria.
Juan Carlos Paredes, director de la empresa, resaltó que el promedio histórico de producción por cabeza era de 42 kilos, lo que indica una mejora significativa en los niveles de eficiencia. Aunque la leche peruana aún no cubre la demanda nacional, la compañía evalúa aumentar su presencia ganadera para ampliar la oferta. "Importamos más leche de la que producimos localmente", indicó, subrayando que esta dependencia genera una oportunidad de crecimiento en el sector exportador. La empresa considera que su especialización en leche fresca es un punto fuerte, y el Directorio está en proceso de evaluar una expansión en el número de animales.
Para potenciar esta productividad, Pampa Baja ha iniciado investigaciones en forrajes no disponibles en el mercado peruano. Actualmente, el país carece de maíz de alta capacidad de almidón y buena digestibilidad, lo que limita el rendimiento de los animales. Por eso, la empresa está probando alimentos importados directamente, con el objetivo de optimizar la nutrición y, por ende, la producción de leche. Este enfoque técnico refleja una estrategia de innovación que busca superar barreras tecnológicas locales.
Para los peruanos, este desarrollo tiene implicaciones directas en la cadena alimentaria. La disponibilidad de leche fresca de alta calidad, producida de forma sostenible y escalable, puede influir en la oferta de productos lácteos en el mercado interno. Además, al fortalecer la producción local, se reduce la dependencia de importaciones, lo que impacta positivamente en la economía nacional. Aunque aún se requieren avances tecnológicos, el caso de Pampa Baja demuestra que la agroindustria puede convertirse en un eje clave del crecimiento económico rural. En un contexto donde el consumo de productos lácteos crece, la capacidad de producir eficientemente y con calidad puede ser un motor de desarrollo sostenible para comunidades rurales.
