Según Bloomberg Línea, el precio de la onza de oro troy ha registrado una caída significativa en los primeros meses de 2026, reduciéndose hasta niveles cercanos a los US$3.900, lo que representa una disminución de un 28% respecto al pico alcanzado en finales de enero de US$5.400. Este descenso ha llevado al metal a su nivel más bajo desde octubre del año pasado. La dinámica se encuentra enmarcada en un entorno de persistente inflación, especialmente en sectores clave como la energía, y en una postura de las autoridades monetarias que mantiene las tasas de interés en niveles elevados. La Reserva Federal y el Banco Central Europeo, por ejemplo, mantuvieron sin cambios sus tipos de interés esta semana, aunque reiteraron que la lucha contra la inflación no ha concluido y destacaron los riesgos derivados del alza de los costos energéticos.
Los datos oficiales de Estados Unidos revelaron una aceleración en la inflación durante septiembre, junto con un repunte en los precios subyacentes, lo que ha reforzado las perspectivas de una posible subida de tasas en diciembre. Esta señal ha impulsado a los inversores a reevaluar su exposición al oro, especialmente en mercados que tradicionalmente lo consideran un refugio frente a la incertidumbre. Además, el comportamiento de las acciones tecnológicas ha contribuido a la presión sobre el precio del oro. En este contexto, se ha registrado una intensa liquidación de activos digitales, impulsada por preocupaciones sobre el crecimiento del gasto en inteligencia artificial, lo que ha generado ventas forzadas y movimientos de margen en varios mercados.
El comportamiento del oro también se entiende en el marco de la demanda física, que en los principales mercados asiáticos continúa siendo sólida. Aunque los precios del petróleo han aumentado por temores a una escalada del conflicto en Medio Oriente, el mercado de oro ha mostrado una reacción más sensible a las señales de política monetaria y al entorno económico global.
Para los inversores peruanos, este escenario plantea una reflexión clave: el oro, aunque históricamente se ha posicionado como activo de refugio, ahora opera bajo presión de factores macroeconómicos más inmediatos. La inflación, la política de tasas y los movimientos de precios energéticos influyen directamente en su comportamiento. En un contexto de alta volatilidad, el perú, como país con economía dependiente de exportaciones y con una inflación moderada, debe considerar que las decisiones de la Fed pueden tener efectos transversales en su mercado interno. Así, mantener una visión diversificada de activos, combinando cobertura de riesgo y exposición a instrumentos de inversión más estables, puede ser una estrategia más sostenible frente a fluctuaciones internacionales.
