Según Bloomberg Línea, el precio del oro ha registrado una disminución superior al 13% desde el inicio de la crisis en Irán, tras haber alcanzado máximos históricos superiores a US$5.500 por onza en el primer trimestre de 2026. Este retroceso ocurre en un entorno de volatilidad intensa, donde las fuerzas macroeconómicas y la demanda institucional mantienen una dinámica en constante equilibrio. Los precios del metal, que promediaron US$4.873 por onza en el primer trimestre, se mantuvieron en niveles elevados, con una demanda total de 1.231 toneladas métricas, lo que implica un crecimiento del 2% en comparación con el año anterior. El valor total de la demanda ascendió a US$193.000 millones, lo que refleja una fuerte presión por precios. Hoy, el oro se encuentra cotizando en US$4.570 por onza, con una subida del 1,03% respecto a su nivel anterior.
La caída se vincula directamente al fortalecimiento de expectativas sobre una política monetaria más restrictiva, impulsada por el alza en precios energéticos. El aumento del petróleo ha generado preocupaciones sobre una inflación sostenida, lo que lleva al mercado a anticipar tasas de interés más elevadas por un periodo prolongado. Este escenario fortalece el dólar y eleva los rendimientos de los bonos, reduciendo así el atractivo del oro como activo que no genera ingresos. El costo de oportunidad de mantener posiciones en el metal se incrementa frente a instrumentos que ofrecen retornos, lo que explica su desplome en valor. A pesar de esta presión, expertos como Lina Thomas y Daan Struyven de Goldman Sachs sostienen que el oro podría recuperar niveles de US$5.400 por onza al final de 2026, impulsado por la expansión de la diversificación de activos por parte de bancos centrales. Además, UBS, liderada por Wayne Gordon, prevé que el oro alcance US$5.900 por onza en la segunda mitad del año, considerando que la debilidad reciente podría ser transitoria.
Para inversores peruanos, este escenario resalta la importancia de evaluar el oro no como un activo aislado, sino como parte de un conjunto de decisiones de inversión bajo condiciones de incertidumbre. Aunque el oro ha mostrado una caída significativa, su papel como refugio en momentos de inestabilidad macroeconómica permanece vigente. En un contexto donde los bancos centrales de América Latina, incluido el Banco Central de Reserva del Perú, amplían su exposición a activos no convencionales, el oro podría volver a consolidar su posición como herramienta de protección. Los peruanos que gestionan portafolios deben considerar que la volatilidad actual no anula el potencial de crecimiento a largo plazo, sino que lo pone en perspectiva, al invitar a una revisión más profunda de sus estrategias de asignación de riesgos.
