Segun Gestión, el Banco Mundial ha destacado la necesidad de evaluar el sistema de gobernanza y gestión del Fondo Consolidado de Reservas (FCR), responsable de garantizar el pago de pensiones por la ONP. Este análisis se realiza con base en modelos de gestión de fondos de seguridad social de Canadá y Estados Unidos, con el objetivo de verificar si el marco actual permite una inversión más flexible y alineada a principios de prudencia financiera. El documento señala que las estrategias de inversión deben equilibrar los pasivos del fondo con los retornos exigidos, evitando así exposiciones excesivas a la volatilidad. Además, se propone revisar los acuerdos de remuneración para los gerentes que gestionan activos públicos, integrando indicadores claros de desempeño y gestión del riesgo.
El FCR, que concentra los recursos destinados a las pensiones de ONP, está administrado por un directorio compuesto por el Ministerio de Economía y Finanzas, el jefe de la ONP, el gerente general del BCRP y dos representantes de los pensionistas. Este grupo de autoridades debe asegurar que las decisiones de inversión no solo protejan el capital, sino que también generen retornos sostenibles a largo plazo. A diferencia del sistema privado de pensiones (SPP), que dispone de cuatro fondos de inversión con distintos niveles de riesgo, el sistema nacional de pensiones (SNP) prioriza instrumentos de bajo riesgo para preservar el patrimonio. Arturo García, docente de Esan, señala que esta estrategia, aunque eficaz para evitar pérdidas, limita el potencial de crecimiento.
Más aún, el FCR debe cumplir con límites más restrictivos en cuanto a inversiones extranjeras que los establecidos para las AFP, lo que puede afectar su capacidad para diversificar y obtener rendimientos más elevados. La asignación actual de recursos en activos de renta fija, aunque estable, implica una rentabilidad menor frente a otros instrumentos financieros. Esta situación plantea una paradoja: la seguridad del capital se mantiene, pero el crecimiento del fondo se ve restringido, lo que puede impactar directamente a los pensionistas en el futuro.
Para los peruanos que dependen de las pensiones, esta evaluación es clave. Aunque el enfoque actual protege contra caídas bruscas, su baja rentabilidad podría comprometer el poder adquisitivo de sus jubilaciones en décadas futuras. Si se aprueban cambios que permitan una gestión más dinámica y alineada a mejores estándares internacionales, podría abrirse la posibilidad de aumentar el rendimiento sin sacrificar la estabilidad. Sin embargo, cualquier ajuste debe garantizar que los intereses de los pensionistas no sean subestimados en el proceso de toma de decisiones. La transparencia y el involucramiento de los beneficiarios deben ser pilares en cualquier reforma.
