Según Forbes Business, poco después de finalizar una fusión por valor de 58 mil millones de dólares con Coterra Energy en mayo, Devon Energy recibió una propuesta de 8 mil millones de dólares por sus activos de gas natural en la región de Marcellus, en Pensilvania. La oferta, presentada por el gestor de capitales Stone Ridge Asset Management, abarca cerca de 190 mil acres netos y podría marcar el mayor intento hasta ahora de financiamiento basado en activos en el sector de petróleo y gas de Estados Unidos. Esta iniciativa representa un punto de referencia claro en el valor de esos recursos, evitando discusiones teóricas sobre su precio.
Los activos de Marcellus suponen aproximadamente el 20 por ciento de la producción estimada de Devon en 2026, que se sitúa en 1.6 millones de barriles equivalentes diarios (boe/d). Esta cifra resalta la importancia estratégica de la región, especialmente considerando que Devon, tras la fusión con Coterra, ahora domina una variedad de basins —Marcellus, Anadarko, Eagle Ford y Williston—, lo que amplía su exposición pero también sus riesgos operativos. La empresa debe demostrar que puede gestionar eficientemente esta diversidad, o bien deshacerse de activos que no alineen su modelo de negocio principal.
En mayo, Devon se posicionó como el mayor comprador de derechos de perforación en tierras federales de Nuevo México y Texas, adquiriendo un total de 2.5 mil millones de dólares en una subasta gubernamental, representando el 62.5 por ciento del monto total de la operación. Este movimiento indica una estrategia de crecimiento activa, a pesar de que algunos analistas han sugerido que la compañía podría reestructurar su portafolio eliminando posiciones no centrales.
Hasta febrero de 2026, Pensilvania contará con 281 mil pozos que generan un promedio de 1.073.895 millones de pies cúbicos (mcf) por pozo de gas natural. Esta cifra posiciona al estado como el segundo productor nacional de gas, representando alrededor del 19 por ciento del total nacional. Este desarrollo es notable, dado que apenas veinte años atrás el estado no contaba con una industria de gas natural significativa. Desde 2013 hasta 2023, los reservas de gas en el estado se duplicaron, alcanzando hoy una estimación de 101 trillones de pies cúbicos (Tcf).
Para los inversores peruanos, esta evolución ofrece una reflexión clave: el valor de los recursos naturales puede transformarse de forma abrupta en escenarios de desarrollo tecnológico y de políticas energéticas. Aunque el contexto de Estados Unidos no es directamente comparable al de Perú, el crecimiento de infraestructuras energéticas en regiones con potencial geológico puede generar retornos significativos. El caso de Pensilvania demuestra que la inversión en activos naturales no depende únicamente de la geografía, sino también de la capacidad de adaptación y de gestión de riesgos en un entorno dinámico.
