Según Gestión, las micro y pequeñas empresas (Mypes) representan el eje principal del empleo peruano, con el 59% de la población ocupada vinculada a negocios que cuentan entre 1 y 10 trabajadores. Este dato proviene del último informe técnico del mercado laboral en Lima Metropolitana, publicado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), y se refiere al trimestre móvil que abarca febrero a abril de 2026. En este mismo periodo, solo el 12,8% de los trabajadores en edad de empleo en establecimientos con entre 11 y 50 empleados, mientras que el 28,2% lo hacen en empresas con 51 o más trabajadores. A pesar de su peso estructural, este segmento enfrenta una vulnerabilidad clave: la alta tasa de desaparición tras cumplir tres años de actividad.
El Banco de Crédito del Perú (BCP), en una revisión de su estudio sobre el panorama empresarial nacional, destaca que dos de cada tres familias en el país gestionan una empresa. Sin embargo, la supervivencia de estas iniciativas se ve comprometida tras el tercer año, momento en el que el riesgo de cierre aumenta de forma significativa. Este fenómeno se explica por la práctica común de iniciar negocios con escasos recursos, bajo modalidades informales y sin una estructura financiera sólida. Según Jose Callegarí, coordinador del programa Contigo Emprendedor BCP, muchas familias dependen de la combinación de ingresos laborales y emprendimientos como medio de mantenerse y crecer. No se trata solo de actividades formales, sino de una cultura social en la que el emprendimiento es una forma de vida cotidiana para sectores específicos de la población.
El tercer año se convierte así en un umbral crítico. Las Mypes, por su naturaleza, suelen comenzar con bajo capital, sin planes de expansión ni sistemas de gestión. Esto las deja expuestas a perturbaciones económicas o cambios en la demanda, especialmente cuando no cuentan con respaldo financiero o legal. Rodolfo Ojeda, presidente del gremio de la Pequeña Empresa, ha señalado que la falta de estabilidad en el régimen tributario también representa un obstáculo. En este contexto, el impuesto sobre la renta de las personas físicas (ISC) se ha convertido en un punto de tensión, ya que su modificación podría afectar directamente la viabilidad de las empresas que no superan el tercer año.
Para los peruanos que gestionan un negocio familiar o que están en camino de iniciar uno, este panorama es clave. La mayoría de los emprendimientos nacen como soluciones prácticas para vivir, pero sin estructuras robustas, su continuidad se ve puesta en riesgo. La realidad indica que el crecimiento sostenido no depende solo de la voluntad, sino de un entorno que permita que las iniciativas se desarrollen con seguridad, acceso a financiamiento y regulaciones adaptadas. Sin un marco que proteja las primeras etapas, muchas de estas empresas podrían desaparecer antes de consolidarse.
