Según Gestión, el sector minero peruano, al final de 2025, representaba un 12,4% del Producto Bruto Interno (PBI), mientras que la minería metálica se posicionó en aproximadamente el 9% del mismo indicador, según datos del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Aunque el consumo de agua en operaciones mineras formales es significativamente menor que en otros sectores —como la agricultura—, el fenómeno de El Niño (FEN) 2026-2027 pone en evidencia un posible riesgo operativo derivado de la escasez hídrica. Las zonas del país expuestas a déficits hídricos enfrentan una reconfiguración en el uso de recursos, con la Sunass priorizando el abastecimiento humano.
La realidad actual indica que, hasta la fecha, las empresas mineras no han integrado el déficit hídrico como un factor de riesgo operativo directo. Este enfoque se contrasta con las preocupaciones que surgen al momento de evaluar la instalación de una mina en un territorio, donde la disponibilidad de agua se convierte en una cuestión de debate político y social. Sin embargo, el riesgo climático extremo no ha sido asumido como un escenario operativo viable en los planes de gestión de las empresas. El especialista Miguel Leiva, jefe de Equity Research de Credicorp Capital, destacó que, aunque el consumo de agua en minería formal es bajo, el sector es fundamental para la generación de divisas y debe mantenerse activo.
Para el contexto peruano, esta situación plantea una tensión entre la necesidad de garantizar el suministro humano y la continuidad de actividades productivas que generan ingresos nacionales. La minería, como parte clave de la economía, no solo contribuye al PBI, sino que también permite estabilidad en el flujo de divisas, especialmente en momentos de volatilidad internacional. Aunque los riesgos climáticos son reales, el impacto directo en las operaciones mineras parece aún limitado. Sin embargo, a medida que el clima se vuelve más inestable, es vital que los actores del sector desarrollen estrategias de eficiencia hídrica, como recirculación de aguas o alternativas de abastecimiento, para evitar vulnerabilidades futuras.
Este escenario es particularmente relevante para el Perú, donde la minería se encuentra en un punto crítico de adaptación. Mientras el gobierno prioriza la salud de la población, las empresas deben evaluar sus cadenas de suministro no solo desde una perspectiva económica, sino también desde una mirada ambiental y de sostenibilidad. La capacidad de integrar soluciones técnicas y operativas ante cambios climáticos no solo protege la productividad, sino que también fortalece la confianza de inversores y sociedad en el sector.
