Según Gestión, la infraestructura ferroviaria peruana avanzó apenas 95 kilómetros entre 2010 y 2025. Este lento crecimiento se evidencia en un diagnóstico oficial del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, que señala que solo el 12% de los 1.874 kilómetros de redes interurbanas actuales cumple con las condiciones técnicas para operar con carga o pasajeros. A pesar de que el Gobierno de Keiko Fujimori ha anunciado el desarrollo de nuevas líneas de metro en Piura, Trujillo y Arequipa como parte de su plan de gobierno de Fuerza Popular, no se ha establecido aún el costo total ni el mecanismo de financiamiento.
La inversión por kilómetro de ferroviaria, según el Plan Nacional de Infraestructura, oscila entre US$ 8 millones y US$ 12 millones. Este rango indica que la ejecución de una línea de metro en cada una de las tres regiones implicaría costos que podrían superar los US$ 100 millones si se consideran las distancias y la complejidad de las rutas. Sin embargo, los expertos alertan que la viabilidad de estas iniciativas debe evaluarse con rigor técnico. José Luis Guasch, exjefe del equipo de expertos del Banco Mundial en Asociaciones Público-Privadas e infraestructura, subraya que cualquier megaproyecto debe justificarse mediante un análisis de impacto que mida su eficiencia real en el transporte urbano y regional.
El caso de Lima, donde ya se opera una red de metro, sirve como referencia. Allí, la implementación de líneas ferroviarias fue validada por estudios técnicos que demostraron su efectividad en reducir congestiones y mejorar el acceso a zonas industriales y turísticas. Para regiones como Piura, Trujillo o Arequipa, donde las redes de transporte actuales son escasas y la densidad poblacional más baja, no se ha presentado evidencia que respalde que un metro sea la mejor alternativa. Otras soluciones, como transporte público de bajo costo o mejoras en rutas existentes, podrían ofrecer un retorno más inmediato y sostenible.
Para el lector peruano, esta propuesta plantea una importante reflexión. Mientras las ciudades centrales como Lima avanzan en infraestructura, las regiones periféricas enfrentan déficits estructurales que no siempre se resuelven con grandes proyectos. El costo de implementar un metro en áreas con baja densidad de población y escasos flujos de tránsito puede no traducirse en beneficios reales. Es clave que las decisiones de inversión no se basen únicamente en la imagen de modernización, sino en análisis concretos de necesidades, viabilidad técnica y retorno social. En un contexto donde los recursos públicos son limitados, priorizar soluciones probadas y accesibles puede ser más estratégico que ambiciosos proyectos aún sin validación.
