Según Gestión, la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU) ha detenido los avances clave para la implementación de las Líneas 3 y 4 del Metro de Lima, tras una interrupción en el proceso de contratación que depende de la creación de una oficina de gestión de proyectos. Este obstáculo se ha vuelto crítico debido a la emergencia del Fenómeno de El Niño (FEN), que ha reconfigurado el uso de recursos presupuestarios en el país. Aunque en abril la ATU anunció una estrategia basada en asociaciones público-privadas (APP) y convocó a constructoras, bancos y representantes diplomáticos, el avance se detuvo antes de alcanzar la fase de estructuración formal. En julio, se firmó un acuerdo con ProInversión para iniciar la tercera etapa de una APP, pero sin el apoyo de una Project Management Office (PMO), el proceso no puede avanzar. El presidente ejecutivo de la ATU, David Hernández, ha señalado que la asignación de fondos es esencial, y que la prioridad actual del gobierno se centra en atender las consecuencias del FEN. Esta situación impide que se avance en los estudios definitivos, que son necesarios para definir el diseño técnico y financiero de las líneas. El retraso afecta directamente el cronograma original de la ATU, que proyectaba la entrega de estos proyectos hacia 2045. La PMO, cuya creación es el primer paso, no solo coordinará el desarrollo de estudios, sino que también será responsable de alinear los intereses entre el sector público y privado, garantizando transparencia y eficiencia.
Para los peruanos, especialmente en zonas urbanas como Lima, esta pausa en el metro representa una brecha en la movilidad. Aunque el transporte público es una prioridad nacional, la falta de avances en infraestructura puede agravar la congestión vehicular y aumentar los costos de vida en centros poblacionales. Los ciudadanos dependen cada vez más de sistemas eficientes que reduzcan el tiempo de desplazamiento y mejoren la accesibilidad. Si el FEN no se resuelve con un enfoque integral que incluya inversión en infraestructura, el crecimiento económico y la calidad de vida se verán comprometidos. El caso de las líneas 3 y 4 no es solo un proyecto técnico, sino un símbolo de la capacidad del Estado para gestionar inversiones en el largo plazo. Sin una reconfiguración clara de los recursos y una estrategia de coordinación efectiva, el desarrollo del transporte urbano seguirá en un estado de espera, afectando a miles de usuarios que buscan soluciones sostenibles y rápidas.
