Segun Gestión, el organismo regulador Ositrán ha señalado una situación de incertidumbre en el avance de la Línea 2 del Metro de Lima y Callao. Aunque las obras han comenzado desde diciembre de 2014, no existe un cronograma actualizado que defina con precisión cuándo se completará la infraestructura. La presidenta de Ositrán, Verónica Zambrano, afirmó que, desde que se inició la construcción, el proyecto podría tardar hasta 15 años en finalizarse. Esta estimación se basa en el hecho de que, al momento de la evaluación, el último calendario vigente se remonta al año 2018, y luego se vio afectado por las interrupciones provocadas por la pandemia, así como por retrasos en la habilitación de terrenos clave.
El contrato de asociación público-privada (APP) para la Línea 2 fue firmado en abril de 2014, lo que establece un punto de partida para el cálculo de plazos. Si se considera que el proyecto tardaría 15 años en finalizarse, su conclusión sería al año 2029. Sin embargo, Ositrán advierte que incluso después de ese hito, podría requerirse hasta tres años adicionales para que la línea opere completamente. Esta extensión se debe a que el organismo no cuenta con un cronograma definitivo que permita asignar fechas concretas al concesionario. Para actualizar el plan, se requiere la firma de una adenda contractual, que actualmente está siendo evaluada por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC).
Desde hace tres meses, el concesionario ha presentado dos propuestas para el desarrollo de la línea, incluyendo la integración con la Línea 1 en la estación 28 de Julio. Estas propuestas son objeto de análisis en mesas de trabajo dentro del MTC. Aunque el proyecto avanza, la falta de un marco temporal claro genera preocupación sobre la viabilidad de cumplir los plazos anunciados, especialmente en un contexto donde los usuarios esperan una mejora en la conectividad urbana.
Para el lector peruano, esta situación evidencia una brecha entre los planes iniciales de desarrollo y la realidad operativa. Mientras que la inversión en transporte público es clave para la movilidad urbana, la falta de transparencia en los plazos puede desmotivar a la ciudadanía y afectar la confianza en las políticas públicas. En un país donde el transporte es un pilar de la economía y la calidad de vida, el retraso en la implementación de líneas como la Línea 2 podría generar desigualdades en el acceso a servicios básicos. La necesidad de un cronograma real, actualizado y comunicado, no solo es técnica, sino también social.
