Segun Bloomberg Línea, la industria manufacturera experimenta una reactivación que comenzó en mercados emergentes a principios de 2026 y que ahora se extiende a economías desarrolladas. Este fenómeno abarca regiones como Estados Unidos, Europa y Asia, y afecta sectores diversos, desde químicos y farmacéuticos hasta maquinaria, construcción, defensa y transporte marítimo. Un estudio de Lombard Odier identifica cuatro pilares que impulsan esta tendencia: el crecimiento del gasto en inteligencia artificial, el aumento de inversiones en defensa, el proteccionismo comercial de Estados Unidos y la demanda de mayor estabilidad energética.
La incorporación masiva de inteligencia artificial en infraestructuras empresariales ha generado un impulso significativo en el capital de inversión. Al adaptar sus procesos productivos a esta tecnología, empresas y gobiernos aumentan su inversión en componentes clave de la cadena de valor. Esto incluye la construcción de nuevas fábricas, la expansión de centros de generación y distribución de energía, así como el desarrollo de infraestructuras para centros de datos. Además, se observa una creciente necesidad de equipos especializados como computadoras, servidores y sistemas de gestión. La fragmentación del mercado global y la competencia entre naciones hacen que estas inversiones sean vistas como estrategias clave. Diferente al auge industrial de 2001, que se centró en China, el actual impulso por la IA es más difundido, abarcando múltiples regiones y sectores.
Otro motor de la recuperación es el aumento del gasto militar. En un entorno internacional marcado por tensiones, los gobiernos están reforzando sus capacidades defensivas. Estados Unidos y otros países en conflicto necesitan reemplazar equipos, mientras que economías con mayores recursos fiscales amplían sus presupuestos militares. Esta demanda directa influye en la actividad industrial, ya que la producción de armas, componentes y sistemas tecnológicos se intensifica. El impacto se siente en sectores como la maquinaria especializada y la fabricación de materiales de alta resistencia.
El proteccionismo comercial de Estados Unidos también juega un papel. A través de políticas que priorizan la producción local y la reducción de dependencias, el país fomenta inversiones en industrias nacionales. Esto genera un efecto de estímulo interno, aunque también puede generar tensiones en el comercio internacional. Paralelamente, la búsqueda de fuentes más seguras y estables de energía impulsa la inversión en tecnologías de generación y almacenamiento, especialmente en sectores que requieren infraestructura robusta.
Para los inversionistas peruanos, este escenario ofrece señales de crecimiento en sectores clave como la tecnología, la energía y la manufactura de bienes de alto valor. Aunque el Perú aún no ha experimentado una aceleración similar en su industria, las tendencias globales indican que la inversión en tecnología y capacidades de producción son estrategias de largo plazo. Los peruanos deben considerar cómo estas dinámicas internacionales pueden influir en sus cadenas de suministro, en la competitividad de sus empresas y en la necesidad de modernizar sus estructuras productivas.
