Según Forbes Business, en una tarde nublada en Lilongwe, Malawi, el sol se oculta tras una nube y con él desaparece un quinto de la energía eléctrica del país. Este escenario ilustra el funcionamiento de las centrales solares cuando no cuentan con respaldo. Durante casi cuatro años, Malawi no poseía sistemas de respaldo para su red eléctrica. En enero de 2022, el paso del ciclón Ana provocó una rotura en el embalse de Kapichira, que eliminó alrededor de 129 megawatts de generación hidroeléctrica en un solo evento. Los cortes de luz que siguieron alcanzaron hasta 18 horas diarias, y los generadores diésel, aunque costosos, no lograron cubrir esa brecha. Hoy, un sistema de baterías de litio, comparable en tamaño a unos contenedores de carga, instalado en Kanengo fuera de Lilongwe, realiza parte de lo que antes hacía el embalse. Aunque el uso de baterías no es una novedad en Estados Unidos, en Malawi su implementación representa una solución vital, más que una mejora técnica. El ministro de Energía, Dr. Jean Mathanga, declaró recientemente que durante décadas el país ha dependido de la hora y las condiciones meteorológicas. "La energía solar ha encendido nuestra revolución energética, pero es la almacenamiento lo que la mantendrá viva", afirmó. Los datos respaldan esa afirmación: solo el 25% de la población malawiana tiene acceso a electricidad. La mayoría de la generación hidroeléctrica se concentra en regiones del sur, vulnerables a tormentas, y miles de kilómetros lejos de las zonas de consumo, como la capital. El precio del diésel oscila entre 3 y 3,50 soles por litro, y las importaciones pueden demorar meses debido a la falta de divisas. El daño en Kapichira eliminó casi un 30% de la capacidad hidroeléctrica, una pérdida que, en una red de esa escala, no solo reduce la luz, sino que pone en riesgo la estabilidad del sistema entero. El nuevo sistema de baterías busca cerrar esa brecha, ofreciendo estabilidad ante eventos climáticos extremos.
Para el lector peruano, este caso ofrece una lección clave: las economías pequeñas y vulnerables al clima pueden modernizar su infraestructura energética sin esperar grandes proyectos de inversión. En países como el Perú, donde las zonas rurales enfrentan interrupciones de energía y las redes eléctricas son sensibles a condiciones climáticas, la integración de baterías de almacenamiento podría ser una estrategia viable. Aunque los costos iniciales son altos, el beneficio de evitar caídas masivas de energía, reducir dependencia de combustibles fósiles y aumentar la resiliencia frente a fenómenos climáticos puede justificar su implementación. Además, el modelo de Malawi sugiere que la energía solar, cuando se combina con almacenamiento, puede convertirse en un pilar sostenible, especialmente en contextos donde el acceso a energía es limitado y la infraestructura es frágil. El Perú, con su diversidad geográfica y vulnerabilidad a eventos climáticos, podría beneficiarse de estudios similares que evalúen el potencial de baterías en zonas rurales y de montaña.
