Segun Gestión, la Dirección de Cultura de Cusco anunció una medida excepcional para optimizar el acceso a Machu Picchu durante la alta temporada turística. Desde el 19 de junio, el aforo diario en la Maravilla del Mundo se mantiene estable en 5.600 visitantes, conforme a la resolución ministerial 285-2025-MC, que vigirá hasta el 2 de noviembre y luego se reactivará entre el 30 y el 31 de diciembre. La institución detalló que, ante la creciente demanda, se habilitó la venta de entradas de acceso a la Ciudadela Inca con hasta tres días de antelación. Esta iniciativa se aplica tanto a turistas nacionales como extranjeros que llegan a Machu Picchu Pueblo, donde deben separar sus entradas antes de viajar a Aguas Calientes.
Los operadores turísticos, los ciudadanos y los visitantes en general han sido informados de que esta política busca mejorar la planificación de los viajes y reducir las largas colas que se registraron en junio. En ese mes, se registró una demanda intensa por los 1.000 boletos disponibles presenciales, además de los 4.600 ofertados por plataforma virtual. La situación fue intensificada por una denuncia de presuntos actos de maltrato, lo que impulsó la implementación de la venta anticipada como solución inmediata. El sistema actual requiere que los turistas lleguen a Machu Picchu Pueblo, adquieran sus entradas y luego se queden en Aguas Calientes, donde se encuentran hoteles y restaurantes, hasta que puedan acceder a la Ciudadela Inca.
Este cambio representa una mejora significativa en la experiencia del visitante, especialmente para quienes planean sus viajes con anticipación. El hecho de poder reservar con tres días de anticipación permite a los turistas organizar mejor sus itinerarios, evitar la sobrecarga en las entradas y reducir el estrés asociado a la espera. Para el peruano promedio, que suele viajar en temporada alta, esta medida implica una mayor transparencia en el manejo de la capacidad de carga, alineándose con los principios de gestión turística sostenible. Además, al reducir las colas en puntos críticos, se minimiza el riesgo de saturación y se protege el patrimonio cultural de Machu Picchu, que es un símbolo nacional y de alto valor turístico.
El sistema de gestión actual, aunque riguroso, demuestra la necesidad de adaptar procesos ante el crecimiento del turismo. En un contexto donde el Perú enfrenta demandas crecientes por parte de turistas internacionales, este ajuste no solo mejora la experiencia del visitante, sino que también refuerza la capacidad de la institución para mantener el equilibrio entre acceso y conservación.
