Segun Forbes Business, tras un mes de operaciones, la Liga Profesional de Béisbol Femenino (WPBL) ha disputado 25 partidos, con los San Francisco Firebells posicionados en primer lugar entre sus cuatro equipos. La apertura del torneo registró una asistencia de más de 4.000 espectadores, pero desde entonces los números de público han disminuido drásticamente. La falta de informes oficiales desde el primer encuentro se debe, en parte, al regreso de clases escolares y al calendario de partidos que se desarrolla los miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos. A pesar de esta baja en asistencia, los partidos han mantenido un alto nivel de intensidad y dinámica en el campo.
En cuanto a la defensa, los registros revelan una clara desventaja en la calidad de los lanzamientos. Ayami Sato, seleccionada como segunda en el draft, posee un historial que incluye participación en un equipo masculino canadiense, lo que la convierte en una figura destacada. Sin embargo, en su debut, solo resistió tres innings, permitiendo diez hits y siete carreras (cuatro ganadas). Su promedio de ERA en la temporada alcanza los 6,86. Kelsie Whitmore, elegida como primera en el draft y jugadora de doble rol, registra una ERA de 7,20 en 20 innings. La cuarta selección, Alli Schroder, ha registrado una ERA de 8,59 en 14 y 2/3 innings. Estos datos indican una presión constante en los lanzadores, que no se traduce en eficiencia.
En el ataque, el uso de bate de metal ha impulsado una ofensiva más activa. Más de un 60% de los encuentros han registrado al menos una escala de diez puntos o más por equipo. Más del 40% de los bateadores han alcanzado al menos un jonrón, liderados por Whitmore y Denae Benites, ambas con nueve jonrones. Ambas también lideran en OPS, con 1,805 y 1,714 respectivamente. En el rol de doble función, Maggie Foxx, quien jugaba softbol en Brown University y ayudó a ganar la final de la Ivy League en 2024, ahora compite como lanzadora y receptor en Los Angeles Queens. Su compañero, Jamie Mackay, también desempeña ambas funciones, aunque su desempeño en lanzamiento es menos robusto, destacando con cinco jonrones, tercera en la liga.
Para los aficionados peruanos, este escenario refleja una realidad de desafíos en el desarrollo de deportes femeninos. Aunque la innovación y el crecimiento de participación son alentadores, la falta de infraestructura, el bajo nivel de defensa y la baja asistencia indican que el modelo aún enfrenta barreras. En un contexto donde el béisbol en el Perú se ha consolidado en escuelas y ligas locales, este caso puede servir como ejemplo de cómo el rendimiento técnico y la sostenibilidad de las series dependen de un equilibrio entre inversión, formación y acceso al público. El éxito de estas ligas no solo depende de los resultados, sino de su capacidad para generar visibilidad y normalizar el deporte femenino en espacios más amplios.
