Según arXiv q-fin, una nueva investigación propone que la difusividad estructural de los precios es clave para explicar fenómenos observados en el impacto de trading, como la ley cuadrática y su transición a un régimen lineal bajo tasas bajas de operación. El estudio centra su análisis en una estrategia de trading neutra respecto a información, demostrando que en un entorno compuesto por un operador y múltiples arbitrajistas que eliminan retornos predecibles, emerge un estado de impacto difusivo. Cada arbitrajista recibe retornos reales y una señal privada sobre un componente del retorno fundamental. A medida que la información privada colectiva se vuelve completa y converge hacia un límite estable, el impacto del operador se estructura como j = U · w, donde w representa la innovación en el calendario de operaciones y U actúa como un filtro causal sin paso de frecuencia. De esta forma, los retornos de impacto resultan blancos, aunque ningún arbitrajista pueda reconstruir la estrategia de trading subyacente.
El análisis adicional enfatiza que el filtro U que minimiza la distancia con el filtro L que genera el flujo de operaciones es una candidata clave. Este escenario garantiza que el flujo de operaciones se distorsione mínimamente bajo condiciones de impacto y arbitraje, y que los costos de impacto siempre sean positivos. En el caso específico de un flujo de operaciones biexponencial —la forma más sencilla permitida en el modelo—, el declive del impacto se limita a un rango de 50% a 60%, cifra que supera estimaciones empíricas de algunos estudios pero coincide con otros. Modelos más complejos pueden generar distintos patrones de disminución. El trabajo concluye que en mercados reales, las colas a largo plazo del estado de impacto probablemente están distorsionadas, lo que permite una completa relajación del propagador del impacto. Este efecto, aunque débil, implica una reacción de largo plazo hacia el equilibrio, con una reverberación del impacto en el tiempo.
Para los inversionistas peruanos, este hallazgo sugiere que los costos de operación en mercados locales —como el de acciones o derivados— no deben ser vistos como constantes, sino como variables que evolucionan en función de la estructura de información y la dinámica de los operadores. La presencia de arbitrajes activos, como los que se generan en mercados de valores o futuros, podría modular el impacto de cada operación, reduciendo su efecto a niveles más predecibles. Aunque los datos muestran que el impacto se mantiene en un rango razonable, la distorsión en el largo plazo indica que las decisiones de compra o venta deben considerar un horizonte de tiempo más amplio, especialmente en periodos de alta volatilidad. Así, los inversores deben evaluar no solo el costo inmediato de transacción, sino también el potencial de reacción posterior del mercado, que puede ser más lento pero más estable. Esto implica una estrategia más cautelosa y de mediano plazo, alineada con la naturaleza dinámica de los mercados latinoamericanos.