Según Forbes Business, un hombre de Illinois presentó una demanda contra DraftKings alegando que la plataforma alimentó su adicción al juego, provocando la pérdida de su empleo y el agotamiento de más de dos millones de dólares en activos, entre ellos fondos destinados a su boda. El caso, iniciado por Dane Miller, de 32 años, se centra en la creación de mecanismos técnicos como algoritmos y bases de datos que, según el reclamo, incrementan el riesgo de dependencia. Miller abrió una cuenta en DraftKings alrededor de octubre de 2020, momento en el que comenzó a recibir notificaciones en tiempo real sobre eventos deportivos, lo que aceleró su participación. Con el tiempo, fue clasificado como usuario VIP y recibió beneficios que fomentaron sus apuestas, como entradas para una suite en el estadio Soldier Field de los Chicago Bears.
El proceso de apuesta se intensificó hasta que Miller se vio obligado a obtener préstamos personales, tarjetas de crédito, préstamos de fondos de su plan 401(k) y dinero de su boda. En septiembre de 2024, su empleador lo despidió tras detectar que sus apuestas afectaban su rendimiento laboral. La demanda señala que Miller fue hospitalizado en octubre de 2024 en Northwest Community Hospital, donde fue diagnosticado con un trastorno grave de apuestas y mostró ideación suicida. El caso plantea si las plataformas de apuestas deportivas pueden ser responsables de daños físicos y psicológicos derivados de su diseño.
Este tipo de litigio no es aislado. En Massachusetts, una demanda colectiva similar contra FanDuel y DraftKings alega que las empresas analizan el comportamiento de sus usuarios y los exponen a apuestas en momentos en que su vulnerabilidad es máxima. La información fue difundida por ESPN en el primer semestre de 2024. Este escenario representa el segundo caso en una semana que aborda la responsabilidad de las empresas de apuestas, tras una denuncia previa que señalaba que las mismas, junto con la NFL y la empresa Genius Sports, ofrecían un producto reconocido como adictivo.
Para los peruanos, este tipo de acciones evidencia que las plataformas digitales, aunque diseñadas para entretener, pueden influir profundamente en hábitos de consumo. En un contexto donde el acceso a servicios financieros y de apuestas es creciente, especialmente entre jóvenes y adultos en situación de transición laboral, es clave que se evalúen los mecanismos que promueven comportamientos compulsivos. La responsabilidad no solo recae en el usuario, sino también en las empresas que diseñan interfaces que potencian la exposición continua. Este caso sirve como advertencia: los beneficios de la tecnología no deben ignorar sus efectos psicológicos a largo plazo. En Perú, donde el mercado de apuestas digitales crece, la regulación y la educación sobre el riesgo de adicción deben fortalecerse para proteger la estabilidad financiera y emocional de los ciudadanos.
