Según Gestión, ISA Energía, filial del grupo empresarial colombiano de origen multilatino, enfrenta un periodo crítico en su operación en Perú, tras 24 años de presencia. La compañía, que actualmente opera más de 12,000 kilómetros de líneas y 90 subestaciones, controla el 71% de las redes de transmisión del país y tiene presencia en 21 de las 24 regiones del territorio. Este alcance se consolidó mediante una estrategia de desarrollo progresivo, enfocada en potenciar la infraestructura eléctrica como motor de crecimiento regional.
El balance estratégico de la empresa revela que, a pesar de cumplir con metas clave, persisten desafíos en la gestión de plazos y permisos por proyecto. Cada iniciativa cuenta con cronogramas distintos, lo que exige una coordinación rigurosa entre el cumplimiento estatal y las metas de inversión del grupo. Actualmente, ISA Energía avanza en ocho proyectos que, en conjunto, agregarán entre 1.300 y 1.400 kilómetros de líneas de transmisión. Este volumen implica una elevación significativa en la necesidad de fortalecer las medidas de seguridad en campo. La empresa espera que, en algún momento, se active un equipo de alrededor de 6.000 a 7.000 trabajadores, lo que requiere una planificación profunda de operaciones y logística.
Uno de los proyectos más estratégicos es el nuevo eje troncal que conectará Huánuco con Tocache, Celendín y Trujillo, y que también incluirá la línea Celendín–Piura. Este sistema, que entrará en operación según lo establecido en el contrato, busca integrar las zonas centro y norte del país, mejorando la estabilidad de la red eléctrica en esas regiones. La implementación de estas líneas se alinea con la demanda creciente de energía en zonas que históricamente han enfrentado brechas en acceso y calidad de servicio.
Para el lector peruano, este escenario representa una oportunidad clave para la modernización de la infraestructura energética. Las regiones más alejadas del centro del país, que aún dependen de redes débiles o inestables, podrían beneficiarse directamente de la expansión de la red. Además, en un contexto donde el país se enfrenta a posibles eventos climáticos como el Fenómeno El Niño, una red más robusta y distribuida ofrece mayor resiliencia ante interrupciones. La inversión en transmisión no solo impulsa el crecimiento económico, sino que también contribuye a la equidad en el acceso a servicios energéticos, especialmente en zonas rurales y de baja densidad poblacional.
