Segun CNBC Markets, la expansión masiva de centros de datos en Estados Unidos ha generado una fuerte subida en los precios de terrenos, especialmente en zonas rurales y menos urbanizadas. Este fenómeno, impulsado por el avance de la inteligencia artificial, ha desencadenado una demanda masiva de tierras que en el primer semestre de 2026 alcanzó los 6.000 millones de dólares, lo que representa un incremento del 79% en comparación con el año anterior. Según la firma de bienes raíces Avison Young, estos centros de datos ocupan el 27% de los sitios de desarrollo en el país, superando a las zonas industriales y de oficinas, y solo quedando por debajo de los edificios residenciales.
Los centros de datos albergan miles de servidores con chips de alta potencia, necesarios para ejecutar modelos de inteligencia artificial. Para operar, requieren grandes volúmenes de electricidad y agua, así como espacios físicos amplios. Esto ha llevado a empresas tecnológicas a buscar terrenos en regiones que antes no tenían una presencia significativa en el sector. En muchos casos, la llegada de estas instalaciones ha generado nuevas economías secundarias: desde servicios logísticos hasta empleos en mantenimiento, transformando comunidades enteras en zonas de crecimiento acelerado.
Aunque el desarrollo tecnológico es un impulso clave para el crecimiento económico, también ha generado tensiones sociales. En eventos como el protesta de julio en Lubbock, Texas, el comisionado de Agricultura, Sid Miller, expresó preocupación por la pérdida de tierras agrícolas, que son reemplazadas por centros de datos. Algunos desarrolladores ofrecen precios hasta 10 veces superiores al valor de los terrenos agrícolas, lo que dificulta que los agricultores acepten estas ofertas. Este desplazamiento pone en conflicto a empresas globales y a comunidades locales, quienes ahora compiten por el uso de infraestructuras, agua y espacio.
Para los inversores peruanos, este escenario ofrece una mirada clave sobre cómo las tecnologías emergentes pueden redefinir el valor del territorio. Aunque el Perú aún no ha registrado una expansión masiva de centros de datos, el crecimiento de la inteligencia artificial y el aumento de la demanda de infraestructura tecnológica en sectores como salud, educación y comercio podrían acelerar la necesidad de infraestructura digital. Esto implica que, a largo plazo, las decisiones de inversión no deben centrarse solo en ciudades centrales, sino también en zonas rurales y regiones con potencial de desarrollo. La clave está en equilibrar el progreso tecnológico con el uso sostenible de los recursos naturales y el bienestar de las comunidades locales.
