Segun Bloomberg Línea, la inversión extranjera directa en el Caribe registró un incremento del 9% en 2025, alcanzando un total de aproximadamente US$18.000 millones. Este dato proviene del Caribbean Investment Report 2026 de la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), que omite los centros financieros extraterritoriales de las Islas Vírgenes Británicas y las Islas Caimán. La distribución de los flujos es notablemente desigual: Guyana, República Dominicana y Surinam recibieron juntas el 87% de todos los aportes. En términos absolutos, Guyana lideró el panorama con US$9.000 millones, que representan el 49% del total regional. Repúblicas Dominicana obtuvo US$5.000 millones (27%), mientras que Surinam recibió US$2.000 millones.
La especialización económica de cada país explica esta concentración. En Guyana y Surinam, el atractivo principal es la presencia de recursos naturales, especialmente en sectores como minería y extracción de hidrocarburos. Estas condiciones han generado una fuerte atracción para inversores que buscan activos de alto valor en el mercado. En contraste, República Dominicana ha adoptado una estrategia más diversificada, orientada a desarrollar industrias como la logística, la manufactura y servicios de alto nivel. Esta iniciativa busca no solo atraer capital, sino también fortalecer su estructura productiva frente a dependencias económicas.
Aunque el crecimiento regional es positivo, la disparidad entre países evidencia una estructura económica altamente desigual. Las economías más pequeñas y con menor infraestructura no siempre pueden replicar el ritmo de desarrollo de las principales atracciones. El caso de Guyana, por ejemplo, muestra cómo los recursos naturales pueden impulsar crecimientos rápidos, pero también exponen a las economías a riesgos de volatilidad y dependencia. Por el otro lado, el enfoque de República Dominicana sugiere que la diversificación puede ser una clave para sostenibilidad a largo plazo.
Para los inversionistas peruanos, este escenario ofrece una reflexión clave. Aunque el Caribe no es un mercado directo de inversión, sus tendencias ilustran cómo la disponibilidad de recursos naturales y la estrategia de desarrollo industrial influyen en la atracción del capital internacional. El Perú, con su diversidad de recursos y una economía que se mueve hacia la manufactura y servicios, puede aprender de estos ejemplos. La experiencia de países como República Dominicana demuestra que el crecimiento sostenido no depende únicamente de la geografía, sino de la capacidad de diseñar políticas que integren múltiples sectores. Así, el análisis del Caribe sirve como una ventana para entender cómo las economías pueden adaptarse y convertirse en atractivas para el capital extranjero sin sacrificar su autonomía.
