Según Bloomberg Línea, en el primer semestre de 2026, América Latina y el Caribe recibió US$108.000 millones en inversión extranjera directa (IED), lo que representa un alza del 15% en comparación con el promedio semestral del año anterior. Este incremento se registra en datos oficiales de la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD), publicados durante el Foro Mundial de Inversiones 2026 en Doha, Catar. A pesar del crecimiento en los flujos de capital, el valor de los proyectos greenfield —que incluyen la creación de nuevas instalaciones productivas— se redujo un 18%. Asimismo, la financiación internacional destinada a grandes proyectos de infraestructura y energía cayó un 35%.
Este escenario evidencia una brecha entre la cantidad de capitales que ingresan a la región y el efecto real que generan en el desarrollo productivo. Mientras los montos de inversión aumentan, los anuncios de nuevos proyectos disminuyen, lo que sugiere que las empresas no están priorizando la construcción de capacidades locales. Pedro Manuel Moreno, secretario general interino de la UNCTAD, señaló que “aunque los flujos de capital crecen, no todos los proyectos generan empleos o nuevas fábricas”, lo que plantea preocupación sobre la sostenibilidad del crecimiento económico.
La concentración de inversiones en pocas economías y sectores específicos también se agudiza. En el contexto actual, las empresas globales tienden a priorizar regiones con políticas estables, acceso a recursos y escenarios de demanda clara. Esto implica que las economías latinoamericanas que no cuentan con infraestructura sólida o marcos regulatorios claros podrían perder oportunidades de diversificación y crecimiento estructural.
Para los inversores y empresarios peruanos, este panorama indica que el simple aumento de IED no garantiza el desarrollo de industrias locales ni la generación de empleos de calidad. El valor de los proyectos anunciados —especialmente los greenfield— es un indicador clave para evaluar si el capital llega realmente a construir capacidades productivas. En el caso peruano, donde las políticas de desarrollo se centran en sectores como minería, manufactura y energía, es esencial que las inversiones no solo se registren en cifras, sino que se traduzcan en proyectos concretos, sostenibles y vinculados al bienestar de la población.
La clave está en la calidad de la inversión, no en su cantidad. Un crecimiento en flujos sin acompañamiento de nuevas instalaciones puede llevar a una dependencia de capitales extranjeros sin retorno estructural. Por ello, los gobiernos deben fortalecer mecanismos que transformen los anuncios de inversión en proyectos reales, con participación local, transparencia y enfoque en el desarrollo de capacidades productivas.
