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Inteligencia artificial: ¿qué hago yo mientras los robots hacen el 90%?
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Inteligencia artificial: ¿qué hago yo mientras los robots hacen el 90%?

Harvard Business Review12 de junio de 2026Cortesia de Harvard Business Review

Según Harvard Business Review, en un entorno donde las inteligencias artificiales generativas avanzan rápidamente en capacidad y velocidad, la pregunta clave no es cómo dominar nuevas tecnologías, sino qué aspectos humanos seguirán siendo irremplazables. Un ejecutivo de nuestro equipo bancario planteó recientemente esta reflexión: ¿cuál es ese 10% de sus funciones que, sin duda, ninguna máquina podrá replicar, y que le permitirá mantener ventaja competitiva? La respuesta no reside en habilidades técnicas específicas, sino en capacidades cognitivas profundas que van más allá del cálculo o la automatización.

La capacidad de empatizar, interpretar emociones, detectar matices en el lenguaje o comprender contextos humanos complejos son funciones que, por ahora, solo los seres humanos pueden ejecutar. Estas capacidades no se adquieren mediante formación técnica, sino mediante experiencia, reflexión y exposición constante a situaciones reales. El hecho de que una IA pueda redactar un informe o analizar datos no significa que pueda capturar el tono de una conversación o entender el miedo que un cliente siente al enfrentar una crisis financiera. Esa comprensión humana, esa sensibilidad emocional, es el núcleo de las relaciones de confianza que construyen las instituciones.

En el contexto peruano, donde el acceso a servicios financieros está en evolución y donde los consumidores enfrentan decisiones complejas sobre ahorro, crédito y planificación familiar, esta distinción adquiere especial relevancia. Muchas entidades han comenzado a integrar herramientas de inteligencia artificial para automatizar tareas repetitivas, como la verificación de documentos o la generación de informes. Sin embargo, las interacciones clave —como asesorar a un cliente en un momento de inseguridad, ayudar a una familia a decidir entre opciones de crédito o explicar un riesgo financiero con sensibilidad— siguen dependiendo de un contacto humano. Aquí, el valor no está en la velocidad de procesamiento, sino en la calidad de la conexión emocional y ética que el profesional puede establecer.

Los peruanos, al enfrentar desafíos económicos como el crecimiento de la deuda familiar, el costo de vivienda o la incertidumbre en el empleo, necesitan asesores que no solo ofrezcan soluciones, sino que también escuchen, comprendan y respondan con empatía. Las herramientas digitales pueden ofrecer datos precisos, pero no pueden reemplazar el juicio moral, la paciencia o el sentido de responsabilidad que un profesional humano aporta en momentos críticos. En un entorno donde el 90% de las tareas pueden ser automatizadas, el 10% que realmente define el valor del servicio —el contacto humano, la escucha activa, la comprensión del contexto— sigue siendo lo que diferencia a un asesor de calidad de uno que solo responde a algoritmos.

Por tanto, en vez de competir por la eficiencia técnica, los profesionales deben enfocarse en desarrollar una mentalidad de propósito: no solo saber qué hacer, sino entender por qué, y por qué es importante hacerlo con sensibilidad humana. Esa es la verdadera ventaja que, en el Perú y en cualquier contexto, puede transformar la relación entre el cliente y el servicio financiero.