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Inflación y inseguridad alimentaria en Perú: el impacto de El Niño
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Inflación y inseguridad alimentaria en Perú: el impacto de El Niño

Gestión6 de setiembre de 2026Cortesia de Gestión

Según Gestión, el Perú se enfrenta a una doble presión: una inflación que se mantiene en niveles elevados y una inseguridad alimentaria que afecta a casi un tercio de su población. En el periodo 2023-2025, el 33.6% de los peruanos vivió en condiciones de inseguridad alimentaria moderada o grave, cifra que, aunque ha disminuido respecto a años anteriores, sigue por encima de los niveles registrados a finales de la década pasada. Un informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), con apoyo técnico de la FAO, revela que en 2025, más de 10 millones de personas, representando un 30.5%, estaban expuestos a condiciones alimentarias moderadas o severas. Este panorama no se concentra únicamente en las familias en pobreza extrema: el 42% de los hogares en situación de pobreza y el 49.7% de los que viven en pobreza extrema enfrentan dificultades para acceder a alimentos suficientes. Lo que resulta aún más preocupante es que el 26.5% de la población no clasificada como pobre también se encuentra afectada, lo que indica que el costo de vida no solo impacta a los más vulnerables, sino que también afecta a comunidades que, en teoría, tienen mayores recursos.

En el último año, desde septiembre de 2025 hasta agosto de 2026, los precios de los alimentos aumentaron un 3.99% en Lima y un 3.78% en el país en su conjunto. Esta subida se produce en un contexto donde el consumo de combustibles se ha elevado y las cadenas de abastecimiento han enfrentado interrupciones. La inflación anual, que en agosto de 2026 alcanzó su mayor nivel en casi tres años, agudiza la presión sobre los ingresos familiares. Cuando los ingresos no se ajustan al mismo ritmo que los precios, las familias reducen su gasto en alimentos, lo que genera una disminución en la calidad y cantidad de la alimentación. Según Carolina Trivelli, exdirectora del área de alimentación del INEI, este efecto es particularmente grave porque compromete el bienestar físico y social de las personas, especialmente en contextos de escasez.

Para los peruanos, este escenario no es solo una cifra estadística. La inseguridad alimentaria y la inflación se entrelazan en un círculo vicioso: mientras los precios suben, los ingresos se mantienen estancados, y las familias deben elegir entre alimentarse bien o cubrir otras necesidades. Además, el posible impacto de un fenómeno de El Niño añade una incertidumbre adicional, ya que puede provocar sequías, caídas en la producción agrícola y escasez de alimentos. En un país donde la agricultura representa una parte significativa del empleo y de la alimentación, estos factores pueden amplificar el malestar. Es fundamental que las políticas públicas tengan en cuenta no solo los datos económicos, sino también las condiciones reales de las comunidades más afectadas. El lector peruano debe entender que la inflación no es solo un indicador de precios, sino un síntoma de una estructura económica que requiere ajustes para proteger el acceso a alimentos básicos.

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