Según arXiv q-fin, un estudio reciente analiza el rendimiento de un índice europeo de vulnerabilidad desarrollado para priorizar inversiones en protección frente a desastres. Este índice, utilizado por la Unión Europea para clasificar unidades subnacionales, no logra ordenar las provincias por el volumen de daños sufridos, tanto con como sin ajustes por riesgo, exposición y nivel de ingresos. El coeficiente de correlación registrado entre el índice y las pérdidas reales oscila entre -0.06 y 0.09, evidenciando una debilidad estructural. La principal falla no radica en la metodología de cálculo, sino en los factores que el índice prioriza. En su versión publicada, se enfoca principalmente en el desarrollo económico, mientras que los daños se agrupan de forma recurrente dentro de regiones que comparten cuencas hidrográficas. Más de la mitad del error en la clasificación se concentra entre estos grupos. En pruebas preregistradas, que revisan el índice y ocho alternativas desde 2010 hasta 2020, el índice se posiciona en último lugar en dos criterios clave: la predicción del lugar de daños y la comparación de pérdidas reales. Las diez provincias más vulnerables según el índice capturan solo el 16% de los daños futuros, inferior a una selección aleatoria. En contraste, el mapa oficial de riesgo hidrológico de Italia, que ignora datos de pérdidas, recoge el 44% de los daños. En cuanto a la magnitud de las pérdidas, la correlación entre el índice y las pérdidas reales es solo de 0.03, mientras que cuando se reajustan sus componentes con base en datos históricos, la correlación aumenta hasta 0.42. Importante: las reparaciones no requieren nuevos datos, ya que los daños mal clasificados se pagan en el ámbito local. De los 12.300 millones de euros en pérdidas registradas entre 2013 y 2022, el 85% no fue cubierto por transferencias nacionales. La asignación de fondos para prevención, evaluada de forma idéntica, no supera el nivel de azar. Por la concentración espacial de los impactos, los fondos nacionales en Europa deberían tener al menos un 39% más de reserva que los fondos transfronterizos de igual tamaño. Este patrón se repite en 1.142 unidades europeas, donde el desempeño en reparaciones es débil.
Para los peruanos, este hallazgo tiene un eco significativo. El país enfrenta riesgos crecientes por eventos climáticos extremos, especialmente en regiones con topografía de cuencas como el norte del Cusco o el valle del Ucayali. Si los índices de vulnerabilidad se basan en indicadores económicos y no en la geografía hidrológica, podrían producir decisiones de inversión que no protejan los sectores más afectados. Los gobiernos locales, al no recibir apoyo suficiente de niveles superiores, deberían reevaluar cómo se miden los riesgos. Es clave que las políticas públicas de prevención y recuperación tengan en cuenta no solo el desarrollo económico, sino también la dinámica de los ríos y sus impactos en comunidades específicas. La experiencia europea sugiere que una estrategia más precisa podría reducir significativamente las brechas entre lo planeado y lo sucedido.