Según arXiv q-fin, un nuevo estudio presenta el Índice de Modernización de Liquidación (SMI), un conjunto de datos panel que abarca 809 eventos de reforma en 24 economías avanzadas entre 1993 y 2024. Este índice se divide en tres canales económicos y tres fases de adopción. Los resultados revelan una curva en forma de "S" en la elasticidad de dinero interno, con dos puntos críticos en valores de SMI de 0.27 y 0.93. Estos umbrales delimitan tres fases distintas: una etapa inicial de liberación, un periodo de adaptación post-crisis financiera global, y una fase avanzada de recuperación de infraestructura. La investigación demuestra que la modernización de los procesos de liquidación genera eficiencias en los balances mediante un estudio de eventos tipo T2S, que incluye una descomposición anual del EMIR (reglamento europeo sobre liquidez). El coeficiente de saturación registrado es de +0.557 con un nivel de significación estadística inferior a 0.01. Además, un análisis de control sintético aplicado a la implementación de SDX en Suiza tras 2021 confirma la validez del modelo. Al integrar esta estructura dentro de la clasificación de conectividad del Banco Mundial, se proyecta una recuperación de eficiencia del 13.4% en el periodo 2027-2032, derivada del programa Pontes de la BCE. Si se producen las adhesiones de Estados Unidos y el Reino Unido al nivel de composabilidad Appia en 2028, el potencial de eficiencia aumenta hasta un 37.5%. Es fundamental destacar que las eficiencias observadas no dependen del nodo central, sino de la relación bilateral entre instituciones.
Para el lector peruano, esta investigación resalta el impacto de las innovaciones en procesos de liquidez en el rendimiento de las instituciones financieras. Aunque el contexto es global, los principios de eficiencia por parejas de instituciones, la importancia de fases de transición y la dependencia de redes interconectadas pueden aplicarse a la evolución de los mercados de valores y pagos en el país. El Perú, con su creciente integración en sistemas financieros internacionales, podría beneficiarse de una mejor coordinación entre bancos, fondos y plataformas de pagos. La adopción progresiva de tecnologías que permitan una liquidación más ágil entre entidades, sin depender de centros centrales, podría reducir costos operativos y mejorar la respuesta ante shocks. Aunque aún no se ha implementado un modelo similar en el país, los hallazgos sugieren que la modernización de los procesos de liquidación no es solo una cuestión de tecnología, sino de estructura de relaciones entre actores. Esto implica que el desarrollo de infraestructuras financieras debe considerar las dinámicas bilaterales, no solo la centralización. En un entorno donde la estabilidad y la eficiencia son claves para el crecimiento económico, los modelos que priorizan conectividad directa pueden ofrecer un camino más sostenible para el fortalecimiento del sistema financiero peruano.