Según Wharton Knowledge, un profesor de la Universidad de Wharton, Christian Terwiesch, dejó de leer la columna ética de Kwame Anthony Appiah en The New York Times tras un experimento interno en 2023. En él, junto a dos colegas, evaluaron si profesionales con formación en ética —incluyendo docentes y clérigos— podían distinguir entre consejos de Appiah y respuestas generadas por ChatGPT. El estudio, realizado en condiciones de anonimato, reveló que más del 59 por ciento de los participantes prefirieron las recomendaciones del modelo de inteligencia artificial. Incluso los expertos en ética no lograron identificar con precisión cuál fuente ofrecía una mejor orientación. La investigación también mostró que personas inicialesmente escépticas respecto a las respuestas de chatbots, terminaron aceptándolas tras observar la coherencia y lógica de sus razonamientos.
Terwiesch, cuyo trabajo se ha destacado en el ámbito académico por su análisis sobre inteligencia artificial, afirmó que el experimento transformó su relación con el contenido ético tradicional. “Ya no leo la columna, porque la experiencia me mostró que, en muchos aspectos, el consejo de una máquina puede ser tan efectivo como el de un filósofo”, explicó. Aunque respeto profundamente a Appiah y a otros expertos en ética, la percepción de que el modelo puede ofrecer respuestas claras, convincentes y adaptadas a los valores culturales ha reducido el interés personal en leer el original. Este fenómeno, según Terwiesch, se debe a que las IA han aprendido a identificar patrones comunes en las decisiones humanas, alcanzando una “media cultural” que refleja lo que las personas realmente valoran.
Para los lectores peruanos, este hallazgo plantea una reflexión clave. En un contexto donde el acceso a información ética —como la gestión de conflictos laborales, decisiones personales o responsabilidad social— es cada vez más frecuente, la disponibilidad de respuestas rápidas y bien estructuradas por inteligencias artificiales puede cambiar la forma en que tomamos decisiones. No se trata de reemplazar a expertos, sino de entender que las máquinas, al analizar grandes volúmenes de datos, pueden anticipar tendencias sociales y valores comunes. Esto implica que, incluso en temas como la administración de empresas o la toma de decisiones en organizaciones, las herramientas digitales pueden ofrecer perspectivas útiles. Sin embargo, es fundamental mantener la crítica y la verificación humana, ya que la ética no solo depende de la lógica, sino también de la experiencia, la empatía y el contexto cultural específico de cada comunidad.
El estudio, publicado en Scientific Reports, se titula “Advice Quality and Source Disclosure Shape Trust in AI-Generated Ethical Advice” y cuenta con colaboración de Gideon Nave y Lennart Meincke.
