Según Gestión, el 82% de los peruanos ya utiliza inteligencia artificial para tomar decisiones de compra, lo que evidencia un cambio profundo en los hábitos de consumo digital. Este comportamiento se manifiesta en el comportamiento de gasto familiar, que en junio registró un crecimiento del 7,7% en el Índice Big Data de Consumo Privado de BBVA Research. Aunque el avance es positivo, representa su quinta desaceleración consecutiva, situando el consumo peruanos en niveles más bajos desde mediados del 2025. La disminución se debe principalmente al agotamiento de los retiros extraordinarios de fondos de AFP realizados al final del año pasado, que ya no generan impulso en el gasto familiar.
La presión inflacionaria también juega un papel clave. En junio, la inflación anual alcanzó el 4,01%, una cifra que se encuentra por fuera del rango meta del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), que se mantiene entre el 1% y el 3%, desde marzo. Este aumento en precios ha afectado directamente el poder adquisitivo de las familias, lo que se traduce en una reducción del volumen de compras. Sin embargo, la economista senior de BBVA Research, Vanessa Belapatiño, destaca que el nivel actual de consumo no indica una caída, sino un ajuste hacia niveles históricos. Según sus datos, el ritmo de gasto actual se mantiene por debajo del promedio registrado entre 2017 y 2026, lo que sugiere un retorno a patrones más comunes, no a una contracción estructural.
Además, el consumo sigue respaldado por factores clave. El mercado laboral, aunque con una leve desaceleración, continúa generando empleos con tasas de crecimiento significativas. Hasta abril, la masa salarial se mantuvo por encima del 5%, un indicador directo de la capacidad de las familias para gastar. Otro pilar es la recuperación de la confianza del consumidor, que ha regresado a niveles optimistas. Esto se refleja en el avance del crédito de consumo, que alcanzó una tasa del 14% en mayo, señal de que los hogares siguen accediendo a financiamiento para sus compras.
Para los peruanos, este panorama implica que, aunque los precios suben y el gasto se mantiene moderado, no se trata de una crisis de consumo. Las familias aún tienen herramientas para mantener su capacidad adquisitiva: el empleo estable, el acceso a créditos y la creciente influencia de tecnologías como la IA. Estos elementos, aunque no eliminan los desafíos, ofrecen una base sólida para mantener un consumo sostenido, incluso en un contexto de inflación. El mensaje es claro: el consumo no se detiene, simplemente se adapta a las condiciones del mercado.
