Según Gestión, el uso de inteligencia artificial en el proceso de selección de personal está transformando las estrategias de reclutamiento, especialmente para pequeñas y medianas empresas. Las herramientas de IA pueden analizar cientos, incluso miles, de perfiles laborales en minutos, detectar coincidencias clave con una vacante y filtrar automáticamente a ciertos candidatos. Aunque esta eficiencia acelera los procesos, plantea interrogantes sobre la autonomía del algoritmo, la responsabilidad legal y la protección de derechos laborales.
La especialista Cecilia Vargas, del área laboral de CMS Grau, señala que la IA puede facilitar tareas operativas como la clasificación de currículums o la identificación de patrones en los perfiles, pero no puede sustituir la toma de decisiones humanas. Para que el uso de estas tecnologías sea ético y legal, las empresas deben cumplir con condiciones claras: informar a los candidatos sobre el tratamiento de sus datos personales, explicar los criterios que guían el sistema y asegurar que exista una revisión humana en cada etapa crítica. La decisión final sobre quién avanza en el proceso debe ser tomada por un profesional del área laboral, no por una máquina. Además, es fundamental mantener registros del funcionamiento del sistema, evaluar periódicamente sus resultados y detectar posibles sesgos que puedan surgir.
Uno de los riesgos más significativos es que el algoritmo reproduzca desigualdades presentes en los datos históricos. Si los perfiles de empleados anteriores incluyen sesgos por edad, género, origen o discapacidad, el sistema podría, sin darse cuenta, eliminar candidatos que pertenecen a grupos protegidos. Esto no solo viola principios de equidad, sino que también pone en juego la conformidad con la legislación laboral peruana, que protege los derechos de todos los trabajadores, independientemente de sus características personales.
Para el lector peruano, este escenario es especialmente relevante. El mercado laboral local enfrenta una alta demanda de talento, y muchas pymes dependen de procesos rápidos para llenar puestos clave. Sin embargo, la presión por eficiencia debe equilibrarse con el deber de mantener procesos justos y transparentes. La IA no debe ser un instrumento de aislamiento, sino una herramienta que potencia, no reemplaza, el juicio humano. En un contexto donde la diversidad y la inclusión son valores clave para el desarrollo sostenible, las empresas deben adoptar estas tecnologías con vigilancia, ética y responsabilidad. Así, podrán avanzar sin comprometer la equidad en el acceso al empleo.
