Segun Gestión, el último informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) revela que entre febrero y abril de 2026, Lima Metropolitana registró más de 5.8 millones de trabajadores, lo que representa un incremento del 6.1% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Aunque el sector de Servicios sigue siendo el principal impulsor de empleo, con casi 3.3 millones de puestos, los sectores de Comercio y Manufactura mostraron un crecimiento notable: 13% y 7.3% respectivamente. Este dinamismo refleja una expansión económica que afecta directamente a las actividades cotidianas de la ciudad.
El análisis de horas trabajadas en el periodo muestra una distribución amplia. Más de 1.6 millones de personas en Lima superaron la jornada mínima establecida, trabajando en promedio 45.8 horas semanales. Este dato está cerca del límite legal de 48 horas semanales definido por la Constitución Política y el Decreto Legislativo N.º 854. Sin embargo, el mercado laboral no se ajusta uniformemente a esta norma. Mientras que cerca de 1.1 millones de empleados laboran entre 31 y 40 horas semanales, más de 2.1 millones trabajan menos de 40 horas, lo que indica una diversidad significativa en la carga horaria. Por otro lado, casi 1.8 millones de limeños alcanzaron más de 50 horas semanales, superando ampliamente el límite legal. En este grupo, más de 875 mil personas trabajaron más de 80 horas en el trimestre, evidenciando condiciones laborales que van más allá de lo establecido por la ley.
Este panorama debe ser considerado en el contexto del entorno peruano. Muchos trabajadores urbanos, especialmente en sectores como comercio, servicios y manufactura, enfrentan jornadas prolongadas como parte de la dinámica del mercado. Para los peruanos que buscan estabilidad laboral, estos datos resaltan la necesidad de que las políticas públicas de trabajo promuevan el respeto a las jornadas legales. Las condiciones actuales sugieren que, aunque hay empleos con horarios razonables, una parte significativa del trabajador limeño enfrenta sobrecargas que podrían afectar su salud física y mental. Es vital que las instituciones y los empleadores reconozcan esta realidad para diseñar mecanismos que equilibren productividad y bienestar.
El INEI no solo registra cifras, sino que también pone de manifiesto una brecha entre lo legal y lo práctico. En un país donde el empleo crece, es clave que los ciudadanos comprendan que el trabajo no es solo una actividad económica, sino también una condición humana que debe estar regida por principios de equidad y protección.
