Segun Gestión Tu Dinero, el estallido de la guerra en Irán en febrero del año pasado generó una onda de volatilidad global en los mercados financieros, especialmente en el precio del petróleo. El conflicto, iniciado el 28 de febrero con ataques coordinados por Estados Unidos e Israel, fue originalmente planeado como una operación de corta duración, de dos semanas, según declaró el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sin embargo, la evolución del escenario desvió drásticamente los cálculos iniciales. A apenas unas semanas del inicio de los enfrentamientos, Irán cerró el estrecho de Ormuz, un paso clave en el flujo de petróleo mundial, ya que este canal permite que pasen aproximadamente una quinta parte de las exportaciones globales de crudo.
Este acto provocó una subida inmediata en el precio del petróleo Brent, que pasó de 72,9 dólares por barril a más de 100 dólares, una variación que se mantuvo hasta principios de mayo. A pesar de que se produjo una tregua oficial el 7 de abril, con una pausa en los ataques bélicos, los enfrentamientos continuaron en un ritmo más moderado, pero sin cesar. La suspensión del tránsito petrolero fue suficiente para que la Agencia Internacional de Energía declarara que se trataba de la mayor crisis energética registrada en la historia.
La situación se estabilizó a finales de mayo, cuando se dieron primeros contactos entre las partes involucradas, mediados por Catar, lo que generó expectativas de un final al conflicto. Con ello, el precio del crudo comenzó a descender, y en junio, tras una serie de conversaciones, Estados Unidos anunció un preacuerdo con Irán para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz. Este acuerdo fue ratificado el 17 de junio mediante una firma electrónica de un memorando de entendimiento, que incluye 14 puntos clave, entre los cuales se detalla la reactivación del tránsito de petróleo desde el primer día de su firma.
Para los peruanos, este escenario evidencia cómo los shocks externos en regiones clave como el Medio Oriente pueden amplificar la inflación, afectar la estabilidad de las tasas de interés y elevar los costos de producción. Dado que el petróleo influye directamente en los precios de bienes y servicios importados, su variabilidad puede traducirse en mayor presión sobre el poder adquisitivo familiar. En un contexto donde el país enfrenta desafíos estructurales en el acceso a energía y la cadena de suministro, es fundamental que los inversores y consumidores estén atentos a señales de estabilidad internacional. La capacidad de los mercados peruanos para absorber fluctuaciones externas dependerá en buena medida de la resiliencia de sus políticas económicas y de su diversificación en fuentes de energía.
El caso iraní sirve como recordatorio de que las decisiones geopolíticas no solo tienen consecuencias en mapas políticos, sino que también moldean el día a día de los hogares y las empresas.
