Segun CNBC Markets, en el marco del 23º diálogo Shangri-La, celebrado del 29 al 31 de mayo de 2026 en el hotel Shangri-La de Singapur, líderes de defensa y funcionarios estratégicos de múltiples naciones del Pacífico y más allá se reunieron para debatir temas centrales de seguridad regional. Entre los puntos clave destacaron el aumento de gastos en defensa, la postura china y las lecciones derivadas de la guerra en Ucrania.
Las naciones participantes, incluyendo Japón, Filipinas y Holanda, han anunciado ajustes en sus presupuestos militares, con propósitos claros de fortalecer sus capacidades defensivas. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó que los países deberían dedicar al menos el 3,5 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a defensa. Aunque países como Nueva Zelanda, que hasta ahora no alcanzaba ese umbral, han incrementado sus inversiones en seguridad, el llamado se ha vuelto más aceptado en el escenario internacional. Este cambio de postura se ha visto reforzado por eventos como la invasión rusa a Ucrania, que ha desencadenado una reevaluación en varios países sobre la necesidad de autonomía defensiva.
La delegación china, por su parte, mantuvo una presencia reducida, sin enviar a su ministro de Defensa por segundo año consecutivo. Esta decisión ha sido interpretada como una señal de cautela en un foro clave de seguridad regional. Aunque no se detallaron los detalles de su participación, el hecho de no presentar a su representante más alto sugiere una postura estratégica de distancia, posiblemente en respuesta al tono de tensión en el Pacífico.
Para los lectores peruanos, este escenario tiene implicaciones directas en el análisis de la seguridad nacional y la gestión de recursos. Aunque Perú no es un país de alto riesgo de conflicto directo, la región del Pacífico está experimentando una reorganización de alianzas y capacidades militares. La tendencia global hacia mayores inversiones en defensa implica que los países deben reevaluar sus estrategias de seguridad, incluso en niveles más bajos. En este contexto, el país debe considerar cómo su presupuesto en defensa se alinea con las realidades regionales, sin perder el equilibrio entre seguridad y desarrollo económico.
Además, el ejemplo de China resalta que incluso en presencias moderadas, las decisiones de un país influyen en el clima de negociación y en las relaciones estratégicas. Para Perú, esto significa que cualquier alianza o acuerdo en materia de seguridad debe tener en cuenta el rol de actores clave como China, aunque su participación no sea visible en forma oficial. La vigilancia de estas dinámicas permite a los gobiernos tomar decisiones más informadas y coherentes con el entorno regional.
