Segun Gestión, el tiempo promedio de permanencia de ministros en el Perú entre 2021 y 2026 fue de 5.82 meses, según datos del Videnza Instituto. Este dato marca una disminución significativa frente a los periodos anteriores, donde los ministros tuvieron una media de 24 meses entre 2006 y 2011, y de 20 meses entre 2011 y 2016. La rotación constante en los puestos clave ha generado una brecha en la continuidad de políticas públicas, afectando la efectividad de las decisiones gubernativas.
El Ministerio del Interior registra la mayor inestabilidad, con un promedio de solo 3.4 meses en el periodo analizado. Este nivel de rotación se repite en el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables y en el Ministerio de Defensa, ambos con una duración promedio de 4.6 meses. Estas carteras, que abarcan seguridad ciudadana, equidad social y defensa nacional, enfrentan desafíos estructurales por la frecuencia con que cambian sus líderes. Además, cinco otros ministerios operan por debajo del promedio general. Entre ellos se destacan el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio de Energía y Minas, donde los jefes no han permanecido más de cinco meses en sus cargos.
Este patrón de rotación no solo afecta la estabilidad de las políticas, sino que también genera un vacío en el conocimiento institucional y en la ejecución de planes a largo plazo. Los cambios frecuentes dificultan la coordinación entre áreas del gobierno y reducen la capacidad de los funcionarios para implementar estrategias coherentes. En el caso del Ministerio del Interior, por ejemplo, la inestabilidad puede obstaculizar el desarrollo de políticas integradas para la seguridad pública, especialmente en contextos de alta vulnerabilidad.
Para el lector peruano, este panorama revela una realidad de gestión pública que, aunque puede parecer técnico, tiene consecuencias directas en su vida diaria. La baja duración de cargos ministeriales puede traducirse en cambios constantes en las políticas de salud, educación o seguridad, lo que dificulta la construcción de proyectos que requieren tiempo y estabilidad. Mientras que el nuevo gobierno de Keiko Fujimori busca impulsar el crecimiento económico, el desafío de mantener equipos sólidos y con experiencia será clave para lograr sus metas. Sin un enfoque que priorice la permanencia de funcionarios y la formación institucional, cualquier avance en el desarrollo nacional podría quedar atrapado en ciclos de inestabilidad.
