Según Gestión Tu Dinero, una encuesta reciente de Experian evidencia que el riesgo de fraude digital afecta a tres de cada cuatro limeños, generando una creciente inseguridad en el entorno financiero. El informe destaca que más de la mitad de los usuarios —51%— no conocen los pasos para denunciar un caso de fraude, mientras que solo un 30% ha presentado alguna denuncia previa. Este dato revela una brecha significativa en la conciencia pública sobre cómo actuar ante una situación de vulnerabilidad. A pesar de que el 66% nunca ha reportado un incidente, el 61,5% de los encuestados indica que primero acudiría a su entidad financiera en caso de sospecha. Esta preferencia se intensifica con la edad: pasa del 46% entre los 18 y 24 años al 68% en los 55 y 64 años, y supera el 60% para quienes tienen más de 35 años. La figura de los amigos y familiares como recurso secundario queda en 17,2%, mientras que un 6,5% no identifica a nadie a quien acudir y un 4,3% niega cualquier contacto en este escenario.
Alfredo Monasi, especialista en análisis de datos de Experian, señala que el 60% de los afectados solo realiza el reporte a través de canales oficiales, pero que el siguiente paso debe ser una denuncia formal ante autoridades como la policía o el Ministerio del Interior. Su enfoque sugiere que la prevención no es suficiente si las instituciones no ofrecen claridad y accesibilidad en sus lineas de acción ante incidentes. La transparencia en los canales de contacto debe ser prioridad para que los usuarios puedan actuar con rapidez y precisión. La tendencia hacia el apoyo presencial refuerza el papel de las entidades financieras como puntos de confianza, especialmente para grupos mayores, quienes valoran más la interacción directa.
Para los peruanos, esta realidad implica una necesidad urgente de fortalecer la educación financiera. Muchos no revisan su historial crediticio, lo que agrava el riesgo de que se queden sin visibilidad sobre sus hábitos de gasto o sus exposiciones. Si una persona no monitorea sus datos, no podrá detectar cambios abruptos que podrían indicar una actividad fraudulenta. En un entorno donde el phishing y los deepfakes siguen siendo herramientas comunes, el conocimiento de los pasos a seguir al detectar un ataque es una defensa clave. El hecho de que la mayoría de los ciudadanos no sepa cómo actuar no es solo un problema de conciencia, sino de infraestructura institucional. Los bancos deben integrar mensajes claros, sencillos y repetidos en sus comunicaciones, especialmente en canales que los peruanos usan diariamente. Así, cada persona puede convertirse en un actor activo de su propia seguridad financiera, no solo como receptor de servicios, sino como protector de su entorno digital.
