Según Bloomberg Línea, el fondo soberano noruego, administrado por Norges Bank Investment Management (NBIM), ha distribuido su cartera de US$2,29 billones entre 10.383 activos en 67 países. A finales de junio de 2026, el 72,1% de su exposición se concentra en acciones, mientras que el 25,8% se encuentra en renta fija. Los bienes raíces no cotizados representan 1,6% del total, y la infraestructura renovable, 0,5%. Este alcance lo posiciona como uno de los principales actores del mercado global de inversiones.
El enfoque del fondo se centra en maximizar el retorno ajustado a riesgos aceptables, bajo un mandato establecido por el Ministerio de Finanzas noruego. Nicolai Tangen, CEO de NBIM, destacó que la evolución de la tecnología, particularmente el avance en chips, ha sido un catalizador clave en el crecimiento del valor del fondo, impulsando su escala a niveles sin precedentes. Estados Unidos es el principal destino de inversiones, con una participación superior al 50% del valor total del portafolio. En este escenario, el país lidera con US$1,22 billones, seguido por Japón con US$140.394 millones, Reino Unido con US$120.323 millones, Alemania con US$85.665 millones y Francia con US$76.406 millones.
La diferencia entre Estados Unidos y el resto de los mercados es notable: la posición estadounidense supera casi nueve veces la del segundo país, Japón, y alcanza un volumen superior a la suma de las inversiones en los cuatro países europeos mencionados. Esta concentración refleja una estrategia de exposición que prioriza mercados tecnológicos y de alto flujo de capital. Nvidia se destaca en el segmento de acciones, mientras que los bonos estadounidenses dominan en el área de renta fija.
Para inversores peruanos, este escenario resalta la importancia de la diversificación geográfica en carteras de inversión. Aunque el fondo noruego no posee exposición directa al Perú, su estructura de inversión puede servir como referencia para comprender cómo los grandes patrimonios asignan recursos en mercados globales. La influencia de tecnologías clave, como los chips, demuestra que las innovaciones en sectores específicos pueden generar retornos significativos, incluso en entornos de baja volatilidad.
El caso del fondo soberano también ilumina cómo las decisiones de inversión no son arbitrarias, sino el resultado de análisis rigurosos sobre crecimiento sostenible, riesgo y rendimiento. En un contexto donde el Perú enfrenta desafíos estructurales en su crecimiento industrial, este ejemplo sugiere que la participación en mercados tecnológicos o de infraestructura verde podría ser un camino viable para desarrollar estrategias de inversión más resilientes y alineadas con tendencias globales.
