Según Gestión, los puertos concesionados del Perú registraron inversiones por US$ 2.376 millones bajo la supervisión de Ositrán. Este dato refleja la actividad de infraestructura portuaria en un contexto de volatilidad en el sector logístico internacional. La escalada de los fletes marítimos se vincula directamente al aumento del costo del combustible para barcos, conocido como búnker. Este componente ha crecido más del 57% en el año actual en comparación con 2025, lo que ha generado una presión sostenida sobre los precios de transporte. A finales de mayo, los fletes para contenedores de 40 pies (FEU) alcanzaron US$ 2.800, una subida interanual del 12%, y representan el nivel más elevado desde enero de 2026.
El crecimiento de los costos no se limita al precio del combustible. Desde mayo, se han registrado aumentos significativos en las tarifas por rutas clave, especialmente en el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo, donde las restricciones al tránsito han sido prolongadas. Estas condiciones han impulsado una demanda más intensa en las rutas este-oeste, según estudios de Vespucci Maritime. Las tarifas spot para las principales vías marítimas continúan subiendo, y algunas compañías navieras han anunciado nuevos aumentos para junio. Por ejemplo, CMA CGM ha establecido desde el 1 de junio tarifas de US$ 4.700 por FEU en el trayecto entre Asia y Europa.
El escenario actual no se espera que se estabilice pronto. El gremio de transporte marítimo advierte que, debido a la demanda estacional más dinámica, las alzas en los fletes se mantendrán durante el segundo y tercer trimestre de 2026. Esto afectará directamente a los operadores de carga, ya que los costos operativos de importación y exportación se incrementarán.
Para el Perú, este contexto implica un reto clave en su cadena de suministro. Los fletes para rutas hacia Europa ya habían subido a US$ 2.279 por FEU a fines de marzo, desde US$ 1.600 al inicio del mes, lo que indica una tendencia creciente. A medida que el costo de transporte se vuelve más elevado, los productores y comerciantes deben reevaluar sus estrategias logísticas. La inflación en costos de transporte podría afectar la competitividad de bienes exportados, mientras también eleva la presión sobre los precios de bienes importados. En un país donde la economía depende en gran medida de la movilidad marítima, este panorama exige mayor visión en la planificación de inversiones y contratos de transporte a largo plazo.
Las empresas peruanas deben considerar la posibilidad de diversificar rutas, negociar contratos más fijos o explorar alternativas de transporte. La capacidad de adaptarse a estas fluctuaciones será determinante para mantener la eficiencia de sus operaciones y proteger sus márgenes de ganancia.
