Según Gestión, el poder ejecutivo no posee facultad para modificar el número de días feriados en Perú. Esta decisión, que actualmente establece 16 días de descanso anual, debe ser dictada por el Congreso mediante una nueva ley. El especialista laboralista César Puntriano destacó que el gobierno puede presentar un proyecto de ley, pero el verdadero control recae en las cámaras legislativas. Solo mediante un decreto supremo podría fijarse el calendario de días no laborables, sin embargo, este instrumento no permite alterar la cantidad de feriados. El Consejo Nacional del Trabajo tampoco cuenta con autoridad para modificar esa cifra. Aunque Puntriano considera que una reducción podría ser viable en el futuro, señala que no será parte de las medidas inmediatas. "Es una medida impopular", afirmó, y añadió que si se analiza, será mucho después, en un contexto más estable y con mayor consenso social.
El proceso legislativo actual también se verá afectado por la transición al Congreso bicameral. En el sistema anterior, un proyecto de ley pasaba por dos votaciones: una en comisión y otra en el pleno del cuerpo legislativo. Ahora, con la estructura bicameral, el proceso se alarga y se complica. El proyecto debe ser aprobado en la comisión y en el pleno de la Cámara de Diputados, y luego repetir el mismo camino en la Cámara de Senadores. Esto implica cuatro votaciones totales, lo que aumenta significativamente el tiempo y la dificultad para que una propuesta sea validada. La complejidad del proceso indica que cualquier iniciativa, como la reducción de feriados, tendrá una trayectoria mucho más larga y menos probable de ser aprobada en el corto plazo.
Para el lector peruano, este escenario evidencia que los cambios estructurales en el sistema laboral no son decisiones rápidas ni ejecutadas por el ejecutivo. Cualquier reforma en el calendario de feriados requiere un proceso democrático profundo y amplio, que involucra a distintos sectores de la sociedad. Los trabajadores, los gremios y las familias deben estar representados en ese debate, ya que los días feriados no solo afectan la economía, sino también la calidad de vida de millones de personas. En un contexto donde el empleo y la productividad son factores críticos, la decisión de ajustar feriados no puede tomarse sin un análisis social y económico riguroso. Si bien la reducción podría ayudar a optimizar costos laborales, su implementación debe esperar a que se construya un consenso nacional que garantice la equidad y el bienestar colectivo.
