Según Gestión, el Gobierno anunció una reorganización de los feriados para 2027, con el objetivo de minimizar interrupciones en la semana laboral y proteger la productividad empresarial. La medida consiste en trasladar los días festivos que caen entre martes y jueves a los lunes más cercanos. Esta decisión, presentada por el ministro de Economía y Finanzas Elmer Cuba, busca mantener la continuidad de operaciones en sectores clave, evitando que los días no laborables a mitad de semana generen paralización en la producción.
El análisis de Javier Zúñiga, economista especializado en políticas económicas, indica que el efecto neto sobre el Producto Bruto Interno (PBI) será insignificante. Su evaluación señala que la variación no superará el 0.2% o 0.3% del total. El especialista enfatiza que el cambio no generará nuevas actividades económicas, sino que redistribuirá el consumo dentro del país. En su opinión, los fines de semana más largos no lograrán compensar la producción que se pierde en los días feriados. “El aumento en el consumo turístico no equilibrará el valor económico de un día de trabajo”, subrayó.
Por otro lado, Jorge Guillén, docente de Finanzas en la ESAN Graduate School of Business, ofrece una perspectiva más optimista. Aunque reconoce el dilema entre estimular el consumo y reducir la productividad, sostiene que el incremento en gastos relacionados con el turismo podría impulsar la economía. “El mayor gasto generará una reactivación en ciertos sectores”, afirmó. Su postura sugiere que, aunque el impacto en la producción sea claro, los beneficios en el consumo interno podrían tener efectos positivos en la demanda.
Para el lector peruano, esta medida representa un punto de inflexión en el diseño del calendario laboral. Mientras que las empresas, especialmente las que operan en sectores de producción continua, podrían beneficiarse de una semana más fluida, los sectores turísticos y recreativos verán un auge en las actividades durante los fines de semana. Sin embargo, es clave entender que el crecimiento en el consumo no sustituye la actividad productiva. En un contexto donde el empleo y la productividad son pilares fundamentales del desarrollo, el equilibrio entre disfrute y productividad debe ser cuidadosamente medido. El cambio no solo afecta a los calendarios laborales, sino también a cómo se distribuye el tiempo y los recursos en la economía nacional.
