Según Gestión Tu Dinero, un análisis reciente de Ipsos Perú, bajo el encargo del Banco Falabella y con apoyo de la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc), evidencia una preocupante vulnerabilidad en el manejo financiero de los jóvenes profesionales en Lima. El estudio identifica que el 53% de los universitarios encuestados reconoce haber gastado más de lo que gana, en distintos momentos del mes. Este comportamiento no solo se manifiesta en el consumo, sino que conlleva una dependencia creciente del sistema formal de crédito, así como de préstamos familiares o incluso "cachuelos" en épocas de escasez.
La investigadora Carolina Trivelli del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) destaca que esta tendencia no implica necesariamente que los encuestados no tengan fondos mensuales, sino que viven con una extrema escasez de margen de maniobra. El 52% de los encuestados declaró no haber ahorrado en los últimos doce meses, y de ellos, el 87% atribuye esta situación a limitaciones económicas: ingresos insuficientes, ausencia de empleo estable o cargas de deuda. Además, casi la mitad de los encuestados —47%— no realiza un seguimiento mensual de sus ingresos y gastos, lo que dificulta la toma de decisiones financieras conscientes. A pesar de ello, el 52% afirma que cumple regularmente sus metas de ahorro, lo cual sugiere una contradicción entre las acciones cotidianas y el enfoque a largo plazo.
La fragilidad se vuelve aún más evidente cuando se evalúa la capacidad de respuesta ante una interrupción de ingresos. En este escenario, el 12% de los encuestados indicó que no podría cubrir sus gastos en menos de una semana, mientras que el 25% solo lograría hacerlo por más de una semana pero menos de un mes. Lo más alarmante es que el 62% de los peruanos no podría mantener sus gastos habituales sin pedir un préstamo. Esta situación no es solo un dato estadístico: es un reflejo del sistema laboral actual, donde la informalidad prevalece, y donde los ingresos fluctúan de forma inestable.
Para los lectores peruanos, este panorama indica que la mayoría de las familias enfrenta un déficit estructural en su gestión financiera. Aunque muchos trabajan, su economía se sostiene en el día a día, sin un plan de ahorro claro ni mecanismos para enfrentar crisis imprevistas. En un contexto donde el empleo formal es escaso y las economías familiares dependen de ingresos variables, el resultado es una vulnerabilidad creciente. La clave no está en esperar una mejora económica, sino en fortalecer hábitos de consumo consciente, establecer límites claros y construir un colchón financiero desde el inicio de la vida laboral.
