Segun ECB Press (Banco Central Europeo), las monedas estables han evolucionado de menos de 10 mil millones de dólares hace seis años a más de 300 mil millones de dólares en la actualidad. La mayoría de estas criptomonedas se expresan en dólares estadounidenses, y casi el 90 por ciento del mercado está controlado por dos entidades: Tether, basada en El Salvador, y Circle, ubicada en Estados Unidos. A medida que su uso se amplía y sus vínculos con el sistema financiero se fortalecen, los riesgos que generan han sido ampliamente reconocidos, especialmente en América Latina y África, aunque ahora también afectan profundamente a economías avanzadas. Europa fue pionera en abordar esta cuestión. En 2024, la Regulación de Mercados en Activos Criptográficos (MiCAR) incluyó a las monedas estables dentro de su ámbito normativo, con el objetivo de mitigar amenazas a la estabilidad financiera. En contraste, Estados Unidos ha adoptado una postura más estratégica. El proyecto GENIUS no solo busca proteger a consumidores y asegurar la estabilidad, sino que también se presenta como un instrumento para mantener la dominancia del dólar estadounidense y fomentar la demanda de títulos del Tesoro. Este cambio de enfoque ha transformado la discusión: ya no se debate si las monedas estables deben existir, sino si las jurisdicciones pueden permitirse ausentarse de ellas. La creciente opinión es que, para mantener su relevancia, Europa debe impulsar la creación de monedas estables expresadas en euros. De lo contrario, enfrentará una escena de digitalización dominada por el dólar y una pérdida de soberanía monetaria. Sin embargo, el debate aún no ha definido con claridad el propósito fundamental de estas monedas. Los beneficios atribuidos a las monedas estables se basan en dos funciones distintas: una de intermediación en el sistema financiero y otra de facilitación de pagos. Sin una definición clara de estas funciones, se corre el riesgo de desarrollar instrumentos que, aunque eficientes, puedan comprometer la integridad de las economías nacionales.
Para los inversores y ciudadanos peruanos, este panorama implica una reevaluación del papel del dólar en el comercio interno y externo. Si los países que adoptan monedas estables en dólares, como el caso de Estados Unidos, logran mantener una influencia creciente en las transacciones globales, el peso peruano podría verse afectado en su valor y liquidez. Aunque el mercado interno peruano no depende directamente de estas tecnologías, la creciente presencia de monedas digitales en operaciones internacionales puede influir en la confianza en el sistema financiero local. Es esencial que el gobierno y las instituciones reguladoras del Perú analicen cuidadosamente cómo estas innovaciones impactan la estabilidad, la seguridad de los ahorros y la capacidad de intervención económica. La soberanía monetaria no se mide solo por el tipo de moneda utilizada, sino por la capacidad de diseñar instrumentos que respondan a las necesidades reales de sus ciudadanos.
