Segun Gestión, un análisis realizado por BBK Group y Impronta Research evidencia que EsSalud registra la menor conexión emocional entre las entidades públicas evaluadas en Perú. La investigación, que se centra en la percepción del público sobre marcas estatales, revela que el seguro social obtiene un promedio de 38 puntos en una escala de 100, quedando por debajo de las marcas privadas que alcanzan 56 puntos. Esta diferencia de 18 puntos refleja una brecha significativa en la relación afectiva que el sector público mantiene con sus usuarios. Dentro de las instituciones estatales analizadas, EsSalud ocupa el último lugar con 38 puntos, seguida por Petroperú (40), la ONPE (47) y Promperú (49).
La evaluación se basa en el modelo Total Brands, que considera cuatro pilares: propuesta de valor, identidad, experiencia y propósito. En este caso, la debilidad de EsSalud se concentra especialmente en experiencia (36 puntos) y propósito (38 puntos). Estos atributos indican que los usuarios no sienten una conexión profunda con la institución, y que su percepción no está ligada a una elección voluntaria, sino a una situación impositiva. Así, el estudio señala que seis de cada diez peruanos no tendrían inconveniente en cambiar el seguro social si se presentara una alternativa viable.
José Oropeza, socio director de Impronta Research, destaca que la notoriedad no implica necesariamente una relación emocional sólida. En el caso de las marcas privadas, el conocimiento se genera por elección y preferencia. En cambio, para las instituciones públicas, el reconocimiento se hereda, no se construye. El asegurado no dice “esta es mi marca”, sino “es la que me tocó”. Esta dinámica genera una sensación de resignación, donde la institución no se percibe como un referente de confianza, sino como un servicio obligatorio.
Para el lector peruano, este panorama revela una brecha entre la presencia institucional y la experiencia real. Aunque EsSalud cumple funciones esenciales, su imagen pública y su capacidad para generar vínculos afectivos son débiles. Esto puede influir en la adherencia de los ciudadanos a sus servicios, especialmente en grupos vulnerables como los adultos mayores. Si se desea fortalecer la confianza en el sistema de salud, se requiere una transformación que vaya más allá de la operatividad y que incluya una comunicación transparente, un enfoque humano y una visibilidad emocional. La marca no solo debe existir, sino que debe sentirse reconocida y valorada por quienes la utilizan.
