Según Gestión Tu Dinero, un estudio de Ipsos Perú, encargado por Banco Falabella y respaldado por la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc), revela que la mayoría de los peruanos enfrentan dificultades para cubrir emergencias en los próximos 30 días. La encuesta plantea: ¿cómo lograría una persona obtener S/ 1,000 en ese periodo por una situación inesperada? El 26% señala sus ahorros como fuente principal, mientras que 24% optaría por apoyos familiares o amigos. Un 15% consideraría un préstamo institucional. Esta distribución evidencia una dependencia significativa de terceros, lo que señala una debilidad en la capacidad de autonomía financiera de las familias.
Carolina Trivelli, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), explica que pedir ayuda a familiares o amigos funciona bien en eventos individuales, como una enfermedad o pérdida de empleo. Sin embargo, en situaciones colectivas como El Niño o el COVID-19, la adversidad afecta a todos, y por ello, las redes de apoyo personal se ven saturadas. En esos escenarios, la familia y los amigos también se encuentran en dificultad, haciendo imposible una ayuda efectiva. Esta realidad pone de manifiesto que contar con redes sociales de apoyo no garantiza estabilidad financiera colectiva.
Además, el estudio destaca que el dinero del trabajo y actividades como una pollada o rifa ocupan los cuartos y quintos lugares en las alternativas para conseguir el monto urgente. Ambos se citan en un 8% de respuestas, indicando que muchas personas recurren a ingresos no previsibles o a fuentes temporales. Un 31% de encuestados considera difícil alcanzar los S/ 1,000 en 30 días, mientras que 27% afirma que no podría hacerlo en absoluto. El 25% ve el reto como poco exigente, 12% lo considera sencillo, y solo 2% lo califica como muy difícil. La ausencia de respuesta de un 3% no implica necesidad de respuesta, pero deja abierta la pregunta sobre la percepción de riesgo financiero.
Para los peruanos, especialmente en regiones vulnerables a fenómenos climáticos como El Niño, este panorama es profundamente relevante. Las comunidades más afectadas por desastres naturales no solo enfrentan pérdidas materiales, sino que también pierden la confianza en sus estructuras familiares y económicas. Los ahorros personales, a menudo escasos, no son suficientes para cubrir eventos masivos. Por ello, la necesidad de fortalecer mecanismos de protección financiera colectiva —como fondos comunitarios o planes de emergencia— se vuelve urgente. Los datos muestran que, sin una preparación previa, el impacto de eventos externos puede desestabilizar a familias enteras. La clave no está en esperar ayuda, sino en construir sistemas que permitan responder ante crisis sin depender de otros.
