Según Gestión, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) registró en su encuesta de septiembre una disminución en las expectativas empresariales, tras el inicio del gobierno de Keiko Fujimori. De los 12 indicadores analizados, seis mostraron retrocesos, mientras que solo tres registraron mejoras, todos ellos aún dentro de un marco positivo. La perspectiva de crecimiento a tres meses cayó medio punto, pasando de 56.8 a 56.3, mientras que el escenario a 12 meses se redujo en la misma medida, desde 67.6 hasta 67.1. En el corto plazo, la expectativa general del sector se ubicó en 56.1 puntos, tras una caída de 0.9 unidades, mientras que en el horizonte de doce meses se mantuvo en 66.7, con una disminución de apenas 0.3 puntos.
La situación de la empresa fue la que más se vio afectada, con una caída de 1.5 puntos en el corto plazo y de 2.2 puntos en el largo. Asimismo, la perspectiva de contratación de personal mostró una disminución en ambos horizontes: de 56.5 a 55.8 en tres meses y de 64.9 a 64.6 en doce meses. En cuanto a la inversión propia de las empresas, el indicador a tres meses registró su segundo descenso consecutivo, pasando de 55.2 a 55.1, con una pérdida de 1.1 puntos.
Sin embargo, no todos los sectores mostraron declive. La demanda de productos registró un primer alza en el horizonte de tres meses, pasando de 63.1 a 63.4 puntos, lo que marca una mejora tras una estabilidad previa. A 12 meses, la demanda creció en 0.5 puntos, alcanzando 71.7, su segundo incremento consecutivo. Otra señal positiva fue la expectativa de inversión en la empresa a largo plazo, que avanzó de 67.3 a 65.3 puntos, aunque esta mejora fue menor que las otras.
Para los empresarios peruanos, este panorama revela una economía que, pese a su estabilidad general, enfrenta presiones en la gestión de recursos y en el crecimiento de personal. Aunque la confianza en la demanda de productos se fortalece, los indicadores de inversión y contratación indican una caída en la motivación de las empresas para expandirse. Este comportamiento puede reflejar una incertidumbre en el entorno regulatorio o en las políticas de incentivo al crecimiento. En un contexto donde el empleo formal sigue siendo un objetivo clave, estas señales deberían alertar a los gestores sobre la necesidad de estrategias más claras para impulsar la inversión y la contratación.
El dato más esperanzador, la mejora en la demanda, podría traducirse en un impulso al sector productivo si se mantienen condiciones estables de consumo. Sin embargo, sin respuestas claras en políticas públicas, el panorama sigue siendo delicado. Los empresarios deben estar atentos no solo a las cifras, sino también a los cambios en el entorno macroeconómico que puedan influir en sus decisiones.
