Según Gestión, el mercado laboral en Lima Metropolitana mantuvo una tendencia positiva en el segundo trimestre de 2026, a pesar de las incertidumbres electorales. El número de personas ocupadas subió en 7.5% entre abril y junio, alcanzando 5 millones 894 mil. Esta expansión fue más pronunciada en grupos con formación académica superior, donde el empleo aumentó un 23.7%, incorporando 380.800 nuevos trabajadores. Paralelamente, los profesionales con educación técnica registraron un crecimiento del 8%, lo que sumó 90.800 empleos adicionales. En contrapartida, las personas con educación primaria o inferior experimentaron una reducción de su empleo en un 12.8%, mientras que los que concluyeron la secundaria vieron una baja leve de 0.5%.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) revelan que el empleo adecuado, entendido como puestos con estabilidad, remuneración y condiciones laborales dignas, creció en 9.9% en promedio. Este avance fue más fuerte en profesionales universitarios, con un alza del 20.3%, y en técnicos, donde la mejora fue del 11.4%. Actualmente, el total de trabajadores en empleos de calidad se sitúa en 3 millones 907 mil, con más de un millón y medio titulados en universidades y cerca de 845 mil con formación técnica.
Para el lector peruano, este panorama evidencia una dinámica laboral que favorece a quienes han completado estudios formales, especialmente en áreas de ciencia, tecnología, administración y servicios. En un contexto donde el crecimiento económico depende cada vez más de la productividad y la especialización, los niveles educativos se convierten en un determinante clave para el acceso al empleo de calidad. Es decir, quienes han completado estudios superiores no solo tienen más oportunidades, sino que también ocupan puestos que generan mayor estabilidad y valor económico.
Este desequilibrio entre niveles educativos y empleo plantea una necesidad urgente de políticas públicas que amplíen la accesibilidad a la educación técnica y superior, especialmente en zonas rurales y periféricas. Sin un enfoque equitativo, el avance del empleo seguirá siendo inaccesible para la mayoría de la población. En el Perú, donde la brecha educativa persiste, invertir en formación técnica y universitaria no solo es una cuestión de justicia social, sino un pilar estratégico para el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza laboral.
