Según Forbes Business, la gestión del Rose Bowl no se basa en sucesos olímpicos, sino en un enfoque estructurado que combina disciplina financiera y planificación a largo plazo. A diferencia de otros centros deportivos que dependen de eventos internacionales como los Juegos Olímpicos, este complejo histórico ha evitado el patrón de deudas y abandono que ha afectado a otras ciudades. Casos como Atenas, donde instalaciones quedaron inactivas, o Montreal, que asumió una deuda de 30 años, evidencian el riesgo que puede traer el evento olímpico sin una estrategia sólida post-evento.
La dirección financiera del Rose Bowl, liderada por Jens Weiden, se ha centrado en construir autonomía económica. Al asumir el cargo, Weiden identificó que cualquier transformación significativa requería una independencia financiera. En lugar de depender exclusivamente de fondos públicos, la organización ha desarrollado un modelo multifacético. Este incluye aumentar la capacidad anual de eventos, diversificar ingresos mediante actividades empresariales y fortalecer alianzas con el sector turístico de Pasadena. A través de asociaciones con hoteles y servicios de turismo, se generan ingresos sostenibles que no dependen de ciclos de eventos.
Además, se han establecido acuerdos estratégicos con ciudades como Sacramento y Washington, con el objetivo de garantizar el uso continuo del recinto. Este enfoque no solo busca modernizar el estadio, sino asegurar que su funcionamiento se mantenga viable durante décadas. El proyecto, denominado "Capital Campaign Lasting Legacy", tiene un presupuesto de 80 millones de dólares. Este monto no se limita a obras físicas, sino que contempla también la gestión de operaciones, mantenimiento y adaptación a nuevas demandas del sector deportivo.
Para los lectores peruanos, este caso ofrece una lección clave sobre la sostenibilidad financiera de infraestructuras públicas. Mientras que muchos proyectos deportivos en el país dependen de subsidios gubernamentales o de eventos temporales, el Rose Bowl demuestra que el éxito a largo plazo exige una gestión proactiva. El modelo de Weiden —basado en ingresos internos, alianzas estratégicas y planificación — puede ser adaptado a escenarios locales, especialmente en contextos donde las instituciones públicas enfrentan presión por múltiples prioridades. En un país donde la inversión en infraestructura se ve afectada por limitaciones presupuestarias, este enfoque evidencia que la disciplina financiera, más que el evento internacional, es el pilar clave para el futuro de un monumento deportivo.
